miércoles, 13 de marzo de 2013

CONFLICTO ENTRE FIDEL Y CHÁVEZ, antes de irse




Fidel pregonó que Chávez era su hijo político, o mejor, su seguidor fiel y continuador de su frustrada aspiración de convertir a la América en un paraíso comunista. Y Chávez aceptó la calificación y se acomodó a ella y actuó en concordancia. Fidel vio el cielo abierto cuando se dio cuenta que para lograr sus planes necesitaba, además de los tanques y fusiles rusos, los recursos de los dólares, como los que se sacan del petróleo de Venezuela. Al llegar ese hijo, resolvió los dos agobiantes problemas que enfrentaba: la carestía de su vitrina y la continuación de su sueño. Sin embargo, a pesar de ese parentesco y a pesar del amor paternal, él había reconocido que el hijo estaba haciendo cosas como que se desviaban de sus sagrados principios revolucionarios. Y en esto por principio, no cabía la claudicación. El era inclaudicable. Claro, él no podía enfrentarlo y decirle francamente lo que pensaba, porque eso sería suicidio y él nunca tenía esa debilidad. Por lo tanto, lo mejor que hacía era esperar, y ahí en esa espera fue que le llegó la visita de Lucifer a Chávez que en cierta forma, ha trastornado los planes entre padre e hijo. Ahora, que se fue, Fidel se sintió aliviado y expuso en su última ‘reflexión’ lo que no pudo decirle al hijo amado. “Yo, decía Fidel, “que el compañerito Chávez se había inventado aquello del ‘socialismo siglo xxi” y eso contravenía los principios que Lenin muy bien había establecido sobre el comunismo y socialismo. Tampoco eso de la presencia del libre juego de las ideas, partidos políticos, del mercado, oferta y demanda, prensa libre, esas cosas eran aberraciones para el verdadero revolucionario. Eran vicios burgueses ya superados, que la urrs y nosotros hace rato habíamos vencido con el partido único, el poder popular y la economía centralizada. ¿Qué quería mi hijo, que yo lo imitara a él? No, bajo ningún concepto, él era el que debía seguir los lineamientos que ya se habían establecido como firmes y sagrados tanto por mí como por Lenin. Sin embargo, no niego, y que para ser honrado hay que admitirlo, que como medida estratégica, eso fue una mezcla de la fuerza de la realidad y la concesión del padre hacia el hijo, cuando hemos estado aflojando poco a poco la cuerda respecto a esas debilidades que mi hijo estaba aceptando en Venezuela como legítimas de la revolución, que era de la liberación controlada, el trabajo propio, el cultivo de la tierra, la venta y fabricación individual y hasta los viajes fuera del país, violentando, sí para no mostrar mucha distancia entre lo que hacia mi hijo en Venezuela, y lo que mantenía su padre en Cuba. Nos vimos obligados a ceder, porque mi hijo por allá, insistía en elecciones, poniendo en riesgo la situación, bueno, él sabía que nuestros hombres controlaban bien todas las puertas del Estado, estaba correcto en pensar, así, pero estaba dando malos ejemplos. El tenía que ir apretando más y más y abandonando todos los vicios del capitalismo, porque si no, a nosotros era que nos iba a destruir, porque por evitar contraste, aflojábamos, pero podíamos hasta perder la cabeza con ello. El no podía seguir jugando a la libertad y a los partidos políticos, sabiendo que los yanquis estaban ahí, observando, buscando por donde colarse. El tenía que imponer su voluntad y comenzar a dar ejemplos, como hicimos nosotros, para que el pueblo respetara, obedeciera, para que supiera que el Estado éramos nosotros. ¿A cuantos él fusiló o mandó a matar? Ahí mi hijo fallaba. Creo, si mis datos son ciertos, que a ninguno. El único que estuvo cerca de eso fue cuando dejó morir en la cárcel a aquel burgués, a más nadie. Es decir, él no se estaba dando a respetar, que el pueblo lo tomara a relajo, con caricaturas, chistes, hasta calumnias y de paso, contra su padre. Bueno, sí le cabía el mérito por los gusanos venezolanos que se fueron para Miami, pero eso no creaba el miedo necesario para que la revolución, así como le llamaba, siguiera hacia alante. El tenia que fusilar, y después con aquello de la virgencita, y los besos al crucifijo. Mira, cuando yo lo veía, quería fusilarlo, pero por el petróleo, ¡oh, petróleo, cómo me dominas, lo que no pudieron los imperialistas! Bueno, pero ya se fue, y hay que dejarlo en paz, patria o muerte”, concluía Fidel. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM




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