Fidel pregonó que Chávez era su hijo político, o mejor, su
seguidor fiel y continuador de su frustrada aspiración de convertir a la América en un paraíso
comunista. Y Chávez aceptó la calificación y se acomodó a ella y actuó en
concordancia. Fidel vio el cielo abierto cuando se dio cuenta que para lograr
sus planes necesitaba, además de los tanques y fusiles rusos, los recursos de
los dólares, como los que se sacan del petróleo de Venezuela. Al llegar ese
hijo, resolvió los dos agobiantes problemas que enfrentaba: la carestía de su
vitrina y la continuación de su sueño. Sin embargo, a pesar de ese parentesco y
a pesar del amor paternal, él había reconocido que el hijo estaba haciendo
cosas como que se desviaban de sus sagrados principios revolucionarios. Y en
esto por principio, no cabía la claudicación. El era inclaudicable. Claro, él
no podía enfrentarlo y decirle francamente lo que pensaba, porque eso sería
suicidio y él nunca tenía esa debilidad. Por lo tanto, lo mejor que hacía era
esperar, y ahí en esa espera fue que le llegó la visita de Lucifer a Chávez que
en cierta forma, ha trastornado los planes entre padre e hijo. Ahora, que se
fue, Fidel se sintió aliviado y expuso en su última ‘reflexión’ lo que no pudo
decirle al hijo amado. “Yo, decía Fidel, “que el compañerito Chávez se había
inventado aquello del ‘socialismo siglo xxi” y eso contravenía los principios
que Lenin muy bien había establecido sobre el comunismo y socialismo. Tampoco eso
de la presencia del libre juego de las ideas, partidos políticos, del mercado,
oferta y demanda, prensa libre, esas cosas eran aberraciones para el verdadero
revolucionario. Eran vicios burgueses ya superados, que la urrs y nosotros hace
rato habíamos vencido con el partido único, el poder popular y la economía
centralizada. ¿Qué quería mi hijo, que yo lo imitara a él? No, bajo ningún
concepto, él era el que debía seguir los lineamientos que ya se habían
establecido como firmes y sagrados tanto por mí como por Lenin. Sin embargo, no
niego, y que para ser honrado hay que admitirlo, que como medida estratégica,
eso fue una mezcla de la fuerza de la realidad y la concesión del padre hacia
el hijo, cuando hemos estado aflojando poco a poco la cuerda respecto a esas
debilidades que mi hijo estaba aceptando en Venezuela como legítimas de la
revolución, que era de la liberación controlada, el trabajo propio, el cultivo
de la tierra, la venta y fabricación individual y hasta los viajes fuera del país,
violentando, sí para no mostrar mucha distancia entre lo que hacia mi hijo en
Venezuela, y lo que mantenía su padre en Cuba. Nos vimos obligados a ceder,
porque mi hijo por allá, insistía en elecciones, poniendo en riesgo la
situación, bueno, él sabía que nuestros hombres controlaban bien todas las puertas
del Estado, estaba correcto en pensar, así, pero estaba dando malos ejemplos. El
tenía que ir apretando más y más y abandonando todos los vicios del
capitalismo, porque si no, a nosotros era que nos iba a destruir, porque por
evitar contraste, aflojábamos, pero podíamos hasta perder la cabeza con ello.
El no podía seguir jugando a la libertad y a los partidos políticos, sabiendo
que los yanquis estaban ahí, observando, buscando por donde colarse. El tenía
que imponer su voluntad y comenzar a dar ejemplos, como hicimos nosotros, para
que el pueblo respetara, obedeciera, para que supiera que el Estado éramos
nosotros. ¿A cuantos él fusiló o mandó a matar? Ahí mi hijo fallaba. Creo, si
mis datos son ciertos, que a ninguno. El único que estuvo cerca de eso fue
cuando dejó morir en la cárcel a aquel burgués, a más nadie. Es decir, él no se
estaba dando a respetar, que el pueblo lo tomara a relajo, con caricaturas,
chistes, hasta calumnias y de paso, contra su padre. Bueno, sí le cabía el mérito
por los gusanos venezolanos que se fueron para Miami, pero eso no creaba el miedo
necesario para que la revolución, así como le llamaba, siguiera hacia alante.
El tenia que fusilar, y después con aquello de la virgencita, y los besos al
crucifijo. Mira, cuando yo lo veía, quería fusilarlo, pero por el petróleo, ¡oh,
petróleo, cómo me dominas, lo que no pudieron los imperialistas! Bueno, pero ya
se fue, y hay que dejarlo en paz, patria o muerte”, concluía Fidel. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
miércoles, 13 de marzo de 2013
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