miércoles, 6 de marzo de 2013

!SIN HIPOCRESÍA, SU MUERTE ES DE ALEGRÍA!




Que lo haga el secretario general de la ONU o cualquier Presidente de los países del mundo, de enviar sus condolencias o pésame a sus familiares al morir un personaje, es natural, es parte de la fórmula diplomática de los Estados de expresarse, aunque lo que muchas veces lo que sientan es lo contrario, pero que lo hagan los que no están obligados es criticable y son adictos de hipocresía. El sentimiento hay que decirlo como se siente. Muchos de estos quisieran decir lo que realmente sienten y en vez de pésame, desearían correr hacia el refrigerador y tomar una cerveza para festejar o correr a la ventana y gritar al mundo, “¡Qué alivio, ha muerto el tirano despreciable!”, como hicieron en Doral en Miami. Quién no se alegró cuando se suicidó Hitler, o cuando mataron a Nerón, a Calígula, o cuando eliminaron a Bin Laden, a Kadafi o a Alcapone, y ¿por qué ocultar entonces la alegría de saber de la muerte de Chávez? ¿Qué sentirá justicieramente, George Busch, al saber su muerte, recordando cuando Chávez fue a la ONU a insultarle como un matarife, no estadista, conque ‘él era el diablo y que había dejado la peste de azufre allí’?. ¿Qué sentirán los miles de venezolanos que deambulan por el mundo porque le dio las ganas a Chávez? ¿Qué no se debe alegrar de la muerte de nadie? Eso es un convencionalismo religioso y en su defecto, de los hipócritas, que sintiendo alegría por una noticia, dan a entender que lo que sienten es tristeza. De un hombre malo, amigo de los terrorista, admirador de Alcaeda y Bin Laden, amante del dinero ajeno para comprar docilidad y simpatía, insensible ante la tiranía de Cuba, quien se aliaba con todos los tiranos del Medio Oriente, amante de los peores terroristas de las Américas, quien manipuló los poderes de su país hasta convertirlos en meras marionetas de sus caprichos (dio risas ver a la llamada Presidenta del Tribunal Supremo de Justicia hablar como mentecata), que sembró la semilla venenosa de modificar constituciones para la reelección, que persiguió a los que no creían en sus palabras ni promesas, que ayudó al narcotráfico, que empobreció a su país con pobrezas y pandillas, que se fue a México a entrometerse en su política interna hasta que ese país retiró su Embajador, lo mismo hizo en Paraguay, en Hondura, y todo porque tenía mucho petróleo y podía abusar, que mintió hasta más no poder, hasta su último suspiro puso a aquel paniaguado Villegas, encargado de información, con su rostro pálido, a decir, catervas de mentiras, y con el descaro mayor, de advertir a la nación, al mundo entero, de que dejaran de decir cosas de la muerte del Comandante porque ‘estaba luchando y recuperándose’, y que ellos serían ‘incapaces de mentir, de que él no estaba bien’, cuando ya hacía rato que era cadáver. Y al chofer de autobús, no sólo a hacer de la mentira una institución, sino hasta de culpar a los contrarios de la muerte de su comandante, y amenazarlos constantemente, si no se sometían a las cadenas de mentiras estatales. El que se teñía el pelo de negro para que no les vieran sus abundantes canas, y que quiso ver al Papa en Cuba y él no lo recibió, su muerte no debe traer pena. Siendo Fidel el beneficiario del petróleo gratis por muchísimos años, es innegable que conociéndose de éste su terquedad marxista, debió haber sentido repugnancia de Chávez cada vez que lo veía besando al crucifijo de Cristo y rogándole a la virgencita, para que no se lo llevara, como todo un gran cobarde y farsante. “Si se moría, kamarada carajo, acepte la muerte”, le habría dicho el padrote de Cuba. “¿Acaso los revolucionarios lloran? Pero el que debe estar contento es el Rey de España, porque ya no volverá a incomodarse para gritar: “¿Pero por qué no te callas, necio?”. Ahora, en el averno Chávez le dirá a Kadafi, “Tuve la gloria de morir en mi cama y tú no”, y Kadafi le contestará: “Pero pagaste con tu agonía tus maldades”. Y a una parte de los venezolanos, sólo les quedará imitar a la dinastía de Corea del Norte, que ya con los experiencia de Cuba, más su influencia en Venezuela, no les quedará más camino que comenzar ahora, con el inmenso lloriqueo que hicieron los norcoreanos al morir, hace poco, el último de sus dioses, si no es que alguien se apiada y les termina la pesadilla. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM

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