Cuando Danilo Medina como Presidente de RD respondió en el Celac las insolencias repetidas allí
por el perseguido legal y a la vez representante de una par de islitas caribeñas,
que se prestó en confubulación natural de los haitianos, en tratar de ofender y
fastidiar al país, de que “ni grande ni chiquito” (grande por la amenaza de
Venezuela, y chiquito por la isla enana del ofensor) tenían ningún derecho de
inmiscuirse en los asuntos internos del país ni menos en sus asuntos de su
soberanía, y al añadirle que “a nadie se le puede despojar de lo que nunca ha
tenido”, el dio una muestra de firmeza y seriedad poco usual en un dominicano.
Fue valiente, pero ahora hay que ver si se sostiene o se cae. Porque de hablar,
prometer y defender, de eso los dominicanos son expertos en decir y no cumplir.
¿Quá hubiera sido si en vez de Danilo hubiera estado allí Leonel? ¿Hubiera
hecho lo mismo? Todos saben lo embustero que fue y es Leonel Fernández, por lo
tanto se duda que él hubiera hecho algo parecido a Danilo y menos al recordar
en un encuentro que Leonel se dio en Miami con René Preval presidente de Haiti,
que las fotos decían que allí no había habido un abrazo de dos estadistas, sino
un orgasmo público entre los dos, por lo apasionado del abrazo. Se sabe lo que
luego hizo Leonel con la tolerancia hacia los haitianos hasta que tuvo que
salir huyendo de las turbas haitianas aquel día que visitaba Puerto Príncipe, y
no le valió eso cuando se presentó a regalar a ésos que querían matarlo y lo
humillaron, una universidad, que los agraciados en pago, le cambiaron en el
acto, el nombre que llevaba, poniéndole uno diferente, el de uno de los que más
masacró al pueblo dominicano. Evidentemente con ese hombre no se podía contar para
cosas serias como las que enfrentó Danilo. Pero se duda que tan bella postura y
lindas palabras se quedarán en el vacío por los antecedentes de la actitud pusilánime de
los dominicanos, excepto para gloria, de cuando Trujillo, porque observe,
Balaguer era un eterno preocupado por el problema haitiano, sin embargo, ordenó
que sus partido los cedularan legalmente para así obtener sus votos y ganar como
siempre con fraude, mientras los haitianos vapuleaban al país por todos lados y
ellos seguían tomando el territorio del país en grandes camionadas. Hipólito,
un campesino que nunca debió haber salido del campo, porque era incapaz de razonar
fuera del estiércol campestre, él, que relajó la función del Estado al nivel de
payasismo, tuvo como vicepresidenta a una que gritó a los cuatro vientos “Yo
soy haitiana” para contribuir a lo que había dicho de “alas del mismo pájaro”.
Y estos dominicanos, excepto otra vez Trujillo, nunca se dieron por enterados
de lo sinuoso, mal intencionados e incumplidores que siempre resulta cuando se
brega con los haitianos. Y esto es fama no sólo con el país, sino hasta con el
mismo Estados Unidos que así lo ha denunciado. Los haitianos, desde aquella vez
en 1801 que Toussaint invadió a Santo Domingo mintiendo que venía en nombre de
Francia y cuando después de los 12 años de continuas guerras contra RD al
sacudirse de su pesadilla, se enteraron que no podían vencer ni dominar, entonces
comenzaron sus años de maniobras y torceduras para mentir, prometer y nunca cumplir.
Sus grandes torceduras comenzaron desde 1874 cuando el pobre SD buscaba que al
fin los salvajes del oeste lo dejaron en paz y querían sacarle un tratado de
paz, pero ellos prometían pero nunca cumplían. Hasta un Papa católico fue
envuelto en el asunto tratando de obligar a los haitianos a cumplir sus
palabras, pero nunca lo hicieron, y en el asunto de la frontera, otra vez, si
no hubiera sido por Trujillo, todavía ellos estuvieran jugando al tira y hala,
maniobrando y tergiversando todo para su beneficio pues sin tratado de paz y límite
de frontera ellos se comportaban como los depredadores de siempre. Por eso, la
actitud de Medina y sus palabras han llevado a conversaciones entre Haití y SD,
pero conociendo quién ha sido Haití y cómo han sido los dominicanos (ya
suspendieron las repatriaciones), por eso es que se cree, que en ausencia de un
Trujillo, quizás sus palabras se queden en bla, bla, bla, y los haitianos
logren lo que ellos siempre han querido: robarse la parte del Este. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
martes, 11 de febrero de 2014
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