En la América Latina, ¿quién no sabe lo que es una tiranía? ¿Quién
puede olvidar que la vida en una tiranía es un infierno, donde para escribir un poema hay que pedir permiso,
escribir un libro es un crimen a menos que sea pro el tirano, no puede tener
ideas libres o cultivar su religión, no puede viajar, o reunirse a discutir los
asuntos sociales, no puede formar partidos políticos, es perseguido con un
sistema infernal de espionaje, no tiene protección ni en su hogar, ni
protección judicial, no puede ejercer la libertad de iniciativa comercial o
intelectiva, en fin es un horno insoportable. Serían pocos o mejor, ninguno los
países que pudieran alegar que no la han conocido desde el cono Sur hasta el Río
Bravo. Todos la han sufrido desde el próspero Chile hasta la civilizada Costa
Rica. De los demás países, esos vivieron más bajo la opresión tiránica que de
la sociedad del Derecho. Y fueron tantas las tiranías que de ellas se copiaron
mutuamente, llegando al extremo morboso de que hubo disputa en ver cuál era más
brutal o superaba a la otra. Sus famas crecieron tantos que en otros
continentes se copiaron como modelos para aplastar a sus ciudadanos y se hicieron
innumerables películas sobre ellos, sus dueños, los tiranos. Nombrarlas es
infantil aunque sí hay que decir que la única que aún queda es la de Cuba, la
que implantó Fidel Castro en l959. Entonces, ¿cómo es posible que esos pueblos
que pasaron por esa pesadilla de sufrir por largos años los horrores de las
tiranías, puedan sentarse cómodamente a conversar y besuquearse con esa tiranía
que aún queda en América Latina? La única forma de aceptar ese hecho es admitir
que la América Latina en forma casi total, da muestra otra vez de su
incoherencia, hipocresía y mediocridad. Ir allí y reunirse para hablar mierda y
sacarse fotos unos monos levantando el brazo izquierdo para la posteridad, y no
tener la decencia ni el valor de salir unas cuadras fuera de allí, a las
calles, para poder apreciar a la otra sociedad oprimida y acosada de Cuba, es
una canallada propia sólo de latinoamérica. Un gobierno puramente de
delincuentes como el de Cuba, que fue desnudado hace unos meses mintiendo al
mundo al violar las leyes internacionales, no ya de los derechos humanos en
general, sino la de traficar con armas escondidas dentro de sacos de azúcar con
la tiranía más feroz del mundo, Corea del Norte, ¿cómo pueden sentarse esos
presidentes con esos gobernantes de esa tiranía? ¿Cómo se puede explicar eso? Y
si se observa la moral y capacidad individual de cada uno, se comprende que
algunos hayan ido allí por temor a quedar fuera y no ser blanco de los temibles
insurgentes que aún tienen fuerza terroristas en AL, pero al menos debieron
decir algo o reunirse con quienes pensaban diferentes al grupo del tirano de
Cuba. Mírese al de México, un presidente mediocre, que su pueblo debe armarse
para hacer justicia cuando el Estado no cumple con su responsabilidad mínima de
garantizar el poder del Estado frente a los traficantes. Mírese a la de
Argentina, la que no sabe sumar ni distinguir un dólar de un peso, o al mono
indio sin lengua de Bolivia, o al payaso y mal actor de Ecuador, o al chofer de
autobús de Venezuela que no puede hablar como humano sin hundir más a su país, o
al sinuoso e incompetente del Haití fallido, o al salvaje y mafioso de San
Vicente. A la de Brasil, donde están a
punto de quitarle los inicios del futbol por incapaz y sociedad de extrema
pobreza y violencia. Son especies para exhibir en un circo o zoológico pero
separados por rejas de hierro cuando se sabe que han ido allí y no han tenido ese
mínimo de decencia de reconocer que en Cuba existe un pueblo oprimido por una
tiranía de 54 años, las más cruel, inhumana y larga de América. ¿Será por estos
adornos individuales que han sido tan miserables? ¿No es además una vergüenza
que todos los países de América habiendo conocido cada uno lo que es una tiranía,
aún celebren que queda una y la acepten como normal? Y lo más bello, el
documento que firmaron y sus metas a lograr, que será tema de otro trabajo. Con
la excepción del silencio cómplice, temeroso de algunos, la ausencia del
Presidente de Panamá, la actitud digna de Piñera de Chile y la posición de
Danilo Medina, aquello fue algo apestoso. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
sábado, 1 de febrero de 2014
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