sábado, 1 de febrero de 2014

LA CELAC Y LA MEDIOCRIDAD LATINA




En la América Latina, ¿quién no sabe lo que es una tiranía? ¿Quién puede olvidar que la vida en una tiranía es un infierno, donde  para escribir un poema hay que pedir permiso, escribir un libro es un crimen a menos que sea pro el tirano, no puede tener ideas libres o cultivar su religión, no puede viajar, o reunirse a discutir los asuntos sociales, no puede formar partidos políticos, es perseguido con un sistema infernal de espionaje, no tiene protección ni en su hogar, ni protección judicial, no puede ejercer la libertad de iniciativa comercial o intelectiva, en fin es un horno insoportable. Serían pocos o mejor, ninguno los países que pudieran alegar que no la han conocido desde el cono Sur hasta el Río Bravo. Todos la han sufrido desde el próspero Chile hasta la civilizada Costa Rica. De los demás países, esos vivieron más bajo la opresión tiránica que de la sociedad del Derecho. Y fueron tantas las tiranías que de ellas se copiaron mutuamente, llegando al extremo morboso de que hubo disputa en ver cuál era más brutal o superaba a la otra. Sus famas crecieron tantos que en otros continentes se copiaron como modelos para aplastar a sus ciudadanos y se hicieron innumerables películas sobre ellos, sus dueños, los tiranos. Nombrarlas es infantil aunque sí hay que decir que la única que aún queda es la de Cuba, la que implantó Fidel Castro en l959. Entonces, ¿cómo es posible que esos pueblos que pasaron por esa pesadilla de sufrir por largos años los horrores de las tiranías, puedan sentarse cómodamente a conversar y besuquearse con esa tiranía que aún queda en América Latina? La única forma de aceptar ese hecho es admitir que la América Latina en forma casi total, da muestra otra vez de su incoherencia, hipocresía y mediocridad. Ir allí y reunirse para hablar mierda y sacarse fotos unos monos levantando el brazo izquierdo para la posteridad, y no tener la decencia ni el valor de salir unas cuadras fuera de allí, a las calles, para poder apreciar a la otra sociedad oprimida y acosada de Cuba, es una canallada propia sólo de latinoamérica. Un gobierno puramente de delincuentes como el de Cuba, que fue desnudado hace unos meses mintiendo al mundo al violar las leyes internacionales, no ya de los derechos humanos en general, sino la de traficar con armas escondidas dentro de sacos de azúcar con la tiranía más feroz del mundo, Corea del Norte, ¿cómo pueden sentarse esos presidentes con esos gobernantes de esa tiranía? ¿Cómo se puede explicar eso? Y si se observa la moral y capacidad individual de cada uno, se comprende que algunos hayan ido allí por temor a quedar fuera y no ser blanco de los temibles insurgentes que aún tienen fuerza terroristas en AL, pero al menos debieron decir algo o reunirse con quienes pensaban diferentes al grupo del tirano de Cuba. Mírese al de México, un presidente mediocre, que su pueblo debe armarse para hacer justicia cuando el Estado no cumple con su responsabilidad mínima de garantizar el poder del Estado frente a los traficantes. Mírese a la de Argentina, la que no sabe sumar ni distinguir un dólar de un peso, o al mono indio sin lengua de Bolivia, o al payaso y mal actor de Ecuador, o al chofer de autobús de Venezuela que no puede hablar como humano sin hundir más a su país, o al sinuoso e incompetente del Haití fallido, o al salvaje y mafioso de San Vicente.  A la de Brasil, donde están a punto de quitarle los inicios del futbol por incapaz y sociedad de extrema pobreza y violencia. Son especies para exhibir en un circo o zoológico pero separados por rejas de hierro cuando se sabe que han ido allí y no han tenido ese mínimo de decencia de reconocer que en Cuba existe un pueblo oprimido por una tiranía de 54 años, las más cruel, inhumana y larga de América. ¿Será por estos adornos individuales que han sido tan miserables? ¿No es además una vergüenza que todos los países de América habiendo conocido cada uno lo que es una tiranía, aún celebren que queda una y la acepten como normal? Y lo más bello, el documento que firmaron y sus metas a lograr, que será tema de otro trabajo. Con la excepción del silencio cómplice, temeroso de algunos, la ausencia del Presidente de Panamá, la actitud digna de Piñera de Chile y la posición de Danilo Medina, aquello fue algo apestoso.  ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM

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