En dos sociedades distantes sucedieron dos acontecimientos
que muestran una vez más como están de podridas. Uno, pasó por Nueva York en la
que murió un actor Seymour Hoffman, de gran fama, ganador de premios en el cine
y teatro, con un gran dolor del público de Hollywood y demás partes de EU. El
otro, aunque en menor escala, también se fue por el mismo abismo. Sucedió con
un renombrado presentador de televisión en Santo Domingo por sus actividades homosexuales.
El primero murió con una aguja todavía clavada en su brazo al disfrutar del
placer de la heroína en su carrera viciosa. En su apartamento la Policía
encontró 70 sobres de heroína, 20 agujas hipodérmicas y 5 recetas médicas de
drogas. Se dice que era un esclavo del vicio y que venia combatiéndolo desde
hacía años aunque caía siempre bajo sus garras. Cuando murió no hubo periódico,
TV, personalidades, instituciones, que no mostraron el inmenso dolor de haber
perdido a tan gran personalidad del arte y del cine, y aunque las noticias traían
detalles del porqué había muerto, había un abismo entre el gran significado del porqué de esa muerte y de los
lamentos y alabanzas a favor del muerto. Y ahí es donde se ve la indolencia e
hipocresía de esa sociedad, porque no había, como debía ser, un mayor énfasis
en nombrar y analizar en vez de alabar y recordar sus honores, lo que
significaba que esa personalidad, que tenia familia, esposa e hijos, fama y
dinero, viviera esa doble vida miserable de esclavo de las drogas y tipo
decente. Debía haberse hecho mayor énfasis en lo que significaba esa debilidad,
no como víctima, sino como victimario, de esa sociedad tan corrompida, pues su
ejemplo es repetido al infinito de cómo sus miembros viven consumiendo drogas
en todo momento y lugar. Se pudo haber asociado en vez de alabar, que este
hombre, y muchos como él, nunca pensó en cómo, por ejemplo, por la frontera por
México los traficantes se “sacrifican” y se “desviven” por mantener el flujo de
la droga para que a individuo como ése y otros, nunca le falte su ‘alimento’, y
sin importar los enormes crímenes y muertes que los mexicanos y demás
sacrificados, tengan que pasar por complacer a estas bestias. Y no era asunto
personal ni de la compra de un sobre de heroína por $6 dólares, era lo que ese
consumo significa en términos del tráfico y fatalidad. Eso debió resaltarse en
vez del dolor, y a la vez preguntarse si realmente este artista debió haber
muerto mucho antes o si su muerte estaba más que bienvenida. Si se actuara así,
con una justicia más ajustada a la verdad, tendría más valor que ver la
hipocresía de esas personalidades llorando una muerte, pero sabiendo que una
inmensa mayoría de ellos consumen también las drogas y son adictos, así, tan
serios, honorables y famosos como el muerto. El otro caso es el de un individuo
de mucha personalidad, juventud y reputación, pues se mostraba como un ejemplo
de seriedad y responsabilidad, pero tenía una debilidad: era un homosexual.
Decirle plebe a un homosexual, es una gran ofensa, siempre y cuando no sea
cierto, pero resulta que por eso es que quizás en Rusia les tienen tanta
ojeriza, y sólo piden que “dejen a los niños solos, sin molestarlos”, porque
entre otras de sus debilidades, ésa es una, su amor hacia los niños. Por eso se
ve tan ridículo eso del matrimonio de los homos y aceptarlo cuesta mucho
sacrificio. Este presentador de TV que fingía lo que no era, murió en manos de
tres jóvenes, que se encontraban en una cabaña. Allí solitos, conversando, en
un cuarto. ¿Qué hacía un hombre ‘recto, correcto y modelo’ encerrado en un
cuarto de una cabaña con tres jóvenes con los que había tenido relaciones y no
muy cristianas? Pues, lo lógico, en actividades propias de los homosexuales. Y
el problema no es que ellos sean lo que les de las ganas, su problema es lo
depravados que casi siempre son, pues no se conforman con serlo, sino que
tienen que pregonarlo, y con éste también surge la misma hipocresía social de
llorar su pérdida, la de una “gran personalidad, decente, correcta”, reclamado
hasta por una historiadora de las redes. Esto también es indecencia e hipocresía.
Y corresponde la pregunta, ¿estaba bien muerto o debió haber sido mucho antes? ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
viernes, 7 de febrero de 2014
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