viernes, 7 de febrero de 2014

SOCIEDADES INDOLENTES E HIPÓCRITAS




En dos sociedades distantes sucedieron dos acontecimientos que muestran una vez más como están de podridas. Uno, pasó por Nueva York en la que murió un actor Seymour Hoffman, de gran fama, ganador de premios en el cine y teatro, con un gran dolor del público de Hollywood y demás partes de EU. El otro, aunque en menor escala, también se fue por el mismo abismo. Sucedió con un renombrado presentador de televisión en Santo Domingo por sus actividades homosexuales. El primero murió con una aguja todavía clavada en su brazo al disfrutar del placer de la heroína en su carrera viciosa. En su apartamento la Policía encontró 70 sobres de heroína, 20 agujas hipodérmicas y 5 recetas médicas de drogas. Se dice que era un esclavo del vicio y que venia combatiéndolo desde hacía años aunque caía siempre bajo sus garras. Cuando murió no hubo periódico, TV, personalidades, instituciones, que no mostraron el inmenso dolor de haber perdido a tan gran personalidad del arte y del cine, y aunque las noticias traían detalles del porqué había muerto, había un abismo entre el gran  significado del porqué de esa muerte y de los lamentos y alabanzas a favor del muerto. Y ahí es donde se ve la indolencia e hipocresía de esa sociedad, porque no había, como debía ser, un mayor énfasis en nombrar y analizar en vez de alabar y recordar sus honores, lo que significaba que esa personalidad, que tenia familia, esposa e hijos, fama y dinero, viviera esa doble vida miserable de esclavo de las drogas y tipo decente. Debía haberse hecho mayor énfasis en lo que significaba esa debilidad, no como víctima, sino como victimario, de esa sociedad tan corrompida, pues su ejemplo es repetido al infinito de cómo sus miembros viven consumiendo drogas en todo momento y lugar. Se pudo haber asociado en vez de alabar, que este hombre, y muchos como él, nunca pensó en cómo, por ejemplo, por la frontera por México los traficantes se “sacrifican” y se “desviven” por mantener el flujo de la droga para que a individuo como ése y otros, nunca le falte su ‘alimento’, y sin importar los enormes crímenes y muertes que los mexicanos y demás sacrificados, tengan que pasar por complacer a estas bestias. Y no era asunto personal ni de la compra de un sobre de heroína por $6 dólares, era lo que ese consumo significa en términos del tráfico y fatalidad. Eso debió resaltarse en vez del dolor, y a la vez preguntarse si realmente este artista debió haber muerto mucho antes o si su muerte estaba más que bienvenida. Si se actuara así, con una justicia más ajustada a la verdad, tendría más valor que ver la hipocresía de esas personalidades llorando una muerte, pero sabiendo que una inmensa mayoría de ellos consumen también las drogas y son adictos, así, tan serios, honorables y famosos como el muerto. El otro caso es el de un individuo de mucha personalidad, juventud y reputación, pues se mostraba como un ejemplo de seriedad y responsabilidad, pero tenía una debilidad: era un homosexual. Decirle plebe a un homosexual, es una gran ofensa, siempre y cuando no sea cierto, pero resulta que por eso es que quizás en Rusia les tienen tanta ojeriza, y sólo piden que “dejen a los niños solos, sin molestarlos”, porque entre otras de sus debilidades, ésa es una, su amor hacia los niños. Por eso se ve tan ridículo eso del matrimonio de los homos y aceptarlo cuesta mucho sacrificio. Este presentador de TV que fingía lo que no era, murió en manos de tres jóvenes, que se encontraban en una cabaña. Allí solitos, conversando, en un cuarto. ¿Qué hacía un hombre ‘recto, correcto y modelo’ encerrado en un cuarto de una cabaña con tres jóvenes con los que había tenido relaciones y no muy cristianas? Pues, lo lógico, en actividades propias de los homosexuales. Y el problema no es que ellos sean lo que les de las ganas, su problema es lo depravados que casi siempre son, pues no se conforman con serlo, sino que tienen que pregonarlo, y con éste también surge la misma hipocresía social de llorar su pérdida, la de una “gran personalidad, decente, correcta”, reclamado hasta por una historiadora de las redes. Esto también es indecencia e hipocresía. Y corresponde la pregunta, ¿estaba bien muerto o debió haber sido mucho antes? ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM

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