En los
países decentes, como EU, Francia, Inglaterra, Japón, existe un cuerpo que agrupa
a las personas más adornadas con los valores de decencia, honradez, capacidad y
credibilidad. Ese cuerpo moral es lo que se llama la Opinión Pública de un país
y la misma sirve de orientadora,
barómetro, faro de luz, fuerza invisible que obliga a los ciudadanos,
funcionarios públicos y privados por ejemplo, a cuidar su proceder fuera de la
intimidad de su hogar, es decir, públicamente. Su fuerza es tan grande que
generalmente se ve muy a menudo, que en esos países, si un funcionario público
mete la pata, hace o dice algo malo, se roba aunque se un chelín, y si eso
llega a la OP por medio de la prensa, ese funcionario, sin que nadie se lo
pida, presenta su renuncia, pide perdón, se excusa y queda en silencio por el
resto de su vida. Eso es decencia y respeto muto dentro de la sociedad. En el
bello Santo Domingo en estos días he tenido la oportunidad de conocer en forma
“debaclante” a dos distinguidos miembros de lo que aquí se ha pretendido creer
que existe algo como en esos países, o sea un Órgano de Opinión Pública. Uno,
(no doy el nombre, porque las teclas se resisten) me tenía como su amigo en
Facebook, al solicitarle su “amistad” (como es la regla) él creyó que yo era
uno que iba a formar parte del coro de loros amaestrados, de aplaudir todo lo
que dijera o hiciera con un “te apoyo, qué bien”. El otro, lo éramos en forma
no muy cordial, porque el agrio comenzó cuando le hice una pregunta sobre un
tema que lo atolondró, y de ahí, la desconfianza. El primero, después de saber
que no era parte de sus loros, me sacó de sus amigos y me dejó huérfano, cuando
critiqué con razonamiento, fuerza y hechos sus deslumbrantes remembranzas de su
pasado político bochornoso. Lo enfrenté e hizo como los monjes budistas, guardó
silencio y se metió en la cueva de la aceptación aquella de quien “calla,
otorga”. Su consuelo y defensa fue: “afueriarme”, lo cual me llena de orgullo,
pues es uno más de la lista, que por no poder enfrentar la verdad ni poder
encontrar argumentos, prefiere la huida por solución. ¿Por qué no me enfrentó y
como abogado, trató de desmontar mi acusación? No podía, como han podido pocos
de sus antecesores. El otro fue más directo, me escribió una notita en la que
me pedía que no le enviara más mis trabajos (en vez de dar gracias que alguien
se molestara en esto, ¡mira lo que hace el príncipe! ¡Carencia de una decencia
elemental! ¿Cómo puede ser Opinión Pública?), ya que no sólo no los leía, sino
que no estaba de acuerdo conmigo. Me dolió y me gustó a la vez. El dolor,
porque “perdía a un miembro” de la OP del país (así se venden), y me gustó,
porque me demostró el poder demoledor de mis trabajos, (¿Me gusta el debate?,
Sí, razonando) mis letras, ideas, argumentos, que obligan a toda una lumbrera
como ésa (abogado y columnista) a salir también huyendo (no es el primero) por
el temor al debate. ¿Qué clase de personalidad es ésa, perteneciente a la
Opinión Pública, que no tiene fuerza y es incapaz de enfrentar en el plano de
las ideas y argumentos, a alguien que le hace frente con razones que parecen
indestructibles? ¿Por qué sale corriendo? Diría algún lacayo: “bueno, no
contesta porque tú no lo mereces, no tienes estatura o alcurnia para el debate
con él”. Si fuera así habría que preguntarse esto: ¿Caería esa opinión sobre
quien tiene dos títulos universitarios, siendo abogado, periodista y escritor
con más de 10 diez libros escritos, más 270 artículos (de combate) en mi Blog
anticritica.blogspot.com, director de una revista en New York por diez años con
cientos de artículos? Habría que ser muy temerario e ignorante para pensar así,
por lo tanto habría que buscar otra razón, y lógicamente, es la que vengo
sosteniendo, que esas distinguidas personalidades (ambos) de la Opinión Pública
del país, son parte de la telaraña de la gran hipocresía e incapacidad que
arropa a Santo Domingo y confirma que eso de OP allí es pura postura y
falsedad. ANTICRITICA. BLOGSPOT.COM.
(Otra vez, su importancia lo desplazó. Próximo: “América dividida en 4”).
domingo, 25 de mayo de 2014
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