Un país que debió haber aprendido que desde su nacimiento nunca ha
respetado nada en relación a sus ciudadanos y menos hacia asuntos exteriores,
jamás podía aventurarse a pertenecer a ninguna institución legal en la que en
algún momento se pusiera en juicio la calidad moral o legal de dicho país. Pero
como el sentido común también es desconocido allí, se fue alegremente a
disfrutar de deberes y derechos creyéndose en una chercha merenguera. No se
cuestiona la moral de dicho tribunal, porque realmente a pesar de sus groseros
fallos, el defecto mayor no es de éste, sino del que no pudiendo pertenecer a él
por causas lógicas, lo hace. ¿Desconocía Santo Domingo cuáles eran los asuntos
que se ventilaban en dicha Corte Interamericana en Costa Rica? Claro que no,
pero como su costumbre ha sido siempre irrespetar, ¡qué carajo una más de las
posturas irresponsables! El país sabía que dese 1804 ese pueblo ha venido
reculando al empuje de los haitianos, y por lógica elemental, tendría algún día
que enfrentarse a algún problema con esa gente a nivel internacional allí, pero
si el país hubiera tenido un programa de autodefensa, excepto cuando Trujillo,
ante una muy conocida costumbre y agresión haitiana, pues lógicamente estaría
bien preparado para enfrentarla, y condenar al intruso, pero nunca lo ha
estado, al contrario, su actitud ha sido
la de siempre: irresponsable. Leer someramente la historia de la relación
dominico-haitiana, a cualquier ciudadano de cualquier país, aun el más
miserable del planeta, hubiera siempre tenido los ojos bien abiertos con
semejante vecino y no sólo debía estar esperando defenderse, si no de vez en
cuando atacar, pues es un derecho. Pero ese país nunca lo ha hecho, excepto con
Trujillo, y siempre siguió reculando, cediéndole territorio al vecino que nunca
parecía saciarse de robar tierra dominicana. Recibió el ‘reconocimiento’ después
de larga humillación, le robaba sus ganados, le enviaba oleadas de emigrantes a
ocupar tierra y a robar, con el grito ofensivo de pretender consolidar aquel
ideal de que “la isla era una e indivisible”. Sólo conociendo que este concepto
nacido del tenebroso Toussaint, los haitianos siempre lo tienen presente en
todo contacto con los dominicanos, ese país sabía que tarde o temprano podía
repetirse en el campo político o militar los hechos de 1801, 1805, 1822, y los
posteriores desde 1844, pero y ¿qué hicieron esos dominicanos? Comportarse con su
irresponsabilidad usual, y helos ahí ahora llorando cuando esa Corte lo condena
por una serie de violaciones que no sólo da vergüenza oírlas, sino tener que admitir
pertenece a semejante tribunal. Pero el país no iba allí previendo que eso o
cosas peores podrían venir, no, fue allí a hacer payasadas, porque ni era para
resguardar los derechos de sus ciudadanos, ni era para defenderse de un agresor
que lo ha sido permanentemente ante el temor de esos que lo hacen tímidamente.
Los ciudadanos de ese país, aun los más ‘ilustres’, sus intelectuales, la gente
pensante, como algo absurdo, casi todos favorecen que los haitianos se tomen el
país. Sólo hay que leer sus libros, y artículos en la prensa para saberlo y un
país que tiene la desdicha de tener a una intelectualidad así, tenía que estar
triplemente prevenido, porque su lucha podría presentarse no sólo contra el
enemigo eterno externo, sino el interno como está sucediendo. Al añadírsele a
esto el afán desmedido que tienen los comerciantes de sólo pensar en cuánto
ganan, aumentando su trato comercial con Haití, los nativos introduciendo en
sus propios vehículos a esos inmigrantes hacia el país por dinero, a los
militares que por $100 pesos hacen lo mismo, a los agricultores y constructores
desplazando a los trabajadores dominicanos por haitianos, le dará una idea de
la clase de país que es ése, y en consecuencia, de si merece o no que esa Corte
y cualquier otra, lo condene por lo que sea, pero que lo condene... ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
domingo, 26 de octubre de 2014
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