¡Ese
Facebook sí es maravilloso! Otros lo serán, sí, pero éste se lleva la gloria
según mi observación. Y es que le da la oportunidad al mortal de sacar sus
culebras de dentro de su corazón y cerebro y entonces, sin darse cuenta o se
encuera o lo encueran ahí mismo (encuerar es quitar la ropa, incluida la más
chiquita). Cuando una persona escribe en FB sin el límite de las 160, le da la
gran oportunidad, si sabe escribir o poner una letra tras la otra, con algo de
sentido, de exponer su mensaje, crítica, observación, o lo que fuera. Es la
primera regla del juego. Y cuando una persona pone una fotografía allí, ¿qué
busca? Lo elemental: verse a sí misma y que sus amigos, familiares, novios o
amantes la vean y sepan de si está bien, mal, acabada, vieja, gorda o adorable.
Es la segunda función del mensajero FB. Y ahí entonces es cuando entra el Censor,
que somos nosotros. Por ejercer esta profesión sin paga, nos hemos encontrado
con muchos sinsabores y dolores, especialmente cuando nos sacan de la lista de
los privilegiados, o sea amigos por FB. ¡Ay, que dolor madre mía, cuando me lo
hacen…! Y por qué me lo hacen? Oh, por ser Censor. Las últimas que me sacaron
de circulación fue sencillamente porque ejercí mi función de censor y a cada
una le hice su observación a lo que escribía y fotografiaba. La primera, dama
de sangre azul, ‘pegao’ al cibao, donde nació el mar, se presentaba con mucha
fanfarria, como que por sus ojos galanos, su apellido europeo y pelo rubio
todos tenían que aceptarla como una Juana de Arcos o Saltitopa. No había término
medio, o la acepta como es o dice ser, o te insulta, te llama “papelero” y
otros epítetos y si la pellizca otra vez, ah, entonces te mata quitándote de
faibuk. Esa me acribilló simplemente porque le observe que la decencia exige
que aquél que la pretenda, no dé motivo de no tenerla. Le dije eso al notarle
su incoherencia entre querer ser decente y estar con la indecencia en la
persona de un político súper corrupto. ¡Ahhihh, se enojó y me afuerió (negarme
el ‘amor’). ¿Tenía razón ella? Antes de contestar, vamos segunda abusadora. Esta, adornada con las flores de las
privilegiadas del campo de la Historia, del país, daba mucha muestra de adorar
a los genocidas y yo le reclamaba, cumpliendo mi obligación de censor. Ella,
como persona ‘importante’, no me hacía caso, diciéndose, “quién va a perder
tiempo con este pobretón… yo… de clase alta, ja, ja” y seguía en lo mismo. Otro
día, cansado de su indiferencia, (el Censor requiere atención) le informé vía
su ventana, que yo estaba pensando en escribir un artículo titulado así: “¿Cuál
es la diferencia entre el escritor que escribe por encargo y el sicario que
mata por encargo?”. El artículo estaba en la mente, pero incuestionablemente
que iba a salir. Y ella cuando vio este anuncio, inmediatamente, a los pocos
días me mató, me afuerió, me martirizó, me sacó de su feisbuk. Sufrí lo
indecible por esta acción sin ni siquiera advertírmelo, y me dolió. ¿Tenía
razón ella? En el primer caso, creo que no, porque está aceptado que quien pone
una foto o escribe algo en FB es para exponerlos al público y por lo tanto el público
tiene derecho a opinar sobre los mismos, gústele o no al dueño y más si se
siente herido. En el segundo caso, la historiadora parece que se iba a ver
retratada en el trabajo porque ella, admitido por sí misma, ha sido una
escritora por encargo y uno de los libros, según me dijo otro historiador, es
un desastre de moralidad y despego de la verdad. Y parece que ella no quería
verse en las manos del Censor, que lo único que hace es responder a los dolores
que sufre al ver fotos o escritos que son hirientes. Por lo tanto, ninguna de
las dos, o cualquiera en caso similar, tenía razón. Si tienen el derecho de
escribir o posar, nace en el otro el derecho a replicar, y especialmente si es
del Censor Extraoficial (por este oficio me han afueriado muchos, hasta un
‘filósofo’ y un poeta, luego les cuento más). ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
domingo, 14 de diciembre de 2014
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