Los
haitianos dijeron en boca de Tusen en 1801 que la isla de Saint-Domingue, o sea
Santo Domingo, que desde 1492 era propiedad de España (salvando su traición de
1795), era “una isla e indivisible”, o sea que allí sólo había un dueño, los
que al momento tenían la fuerza, que gracias al vudú y a la malaria, habían
derrotado a los franceses parcialmente. ¿Pero y qué de la otra parte, el Este,
que a pesar de esa malaria, seguía en poder de Francia? En su cerebro primitivo
africano, eso no existía. Pero los genios que luego surgieron cuando comenzaron
a llamarse ‘dominicanos’, 1808 les hicieron un súper trabajo sucio, asesinando
a los franceses allí con el patán y traidor, Sánchez Ramírez y luego en 1822,
otro traidor, educado, Núñez de Cáceres, les facilitó la oportunidad de practicar lo de “una e indivisible” por 22 años,
y desde 1844 cuando ya ‘eran’, sabían bien de ese deseo ya practicado y que
ellos nunca dejaban de mencionar como recordación de “reclamo de propiedad”
probado por los actos precedentes. Esos dominicanos, que bajo el merengue y
mucho alcohol, son la genialidad brutesca, nunca le dieron a tal consigna el
valor, que cualquier país mediamente civilizado y consciente de su
responsabilidad, hubiera dado. Nunca apareció un psiquiatra, psicólogo, filósofo,
escritor, legalista, o uno de los tantos
babosos del patriotismo, que hubiera dado el valor que requería enfrentar la
ofensa y amenaza del haitiano en esa pretensión ideológica. Y tenían que saber
del valor psicológico y pernicioso del mismo. Y no podrían alegar ignorancia o
supuestamente fortaleza militar para contrarrestarlos, porque en las
conversaciones, libros, conferencias, escuelas, se enseñaba que la isla era
“una e indivisible”. Esos dominicanos mediocres, nunca se dieron cuenta de la
ofensa y del peligro que los haitianos cargaban contra el país. Es lo mismo que
hace Argentina con las Malvinas, que insisten y mantienen en sus textos
escolares, que esas islas son de ellos y no de los ingleses, por lo que éstos
siempre han estado preparados psicológica y militarmente contra esa pretensión y
en el 1982 lo probaron. Sería lo mismo si los mexicanos enseñaron en sus textos
escolares, que las tierras que EU les ocupó fueran todavía de México y que esperaba
recuperar. Este no lo hace, aunque sí en conversación o en resabios de su
inferioridad, pero no como los haitianos contra los dominicanos. Diez años de invasiones
esas huestes primitivas que venían y venían a tomar su posesión de su “una e
indivisible”, continuando sin descanso, hasta que apareció una luz en 1937, al
fin, un hombre que no le temía a los haitianos, les enseñó lo que era “una e indivisible pero al revés” con cabezas rodando
y un poco de sangre. Lo mataron, por sus excesos y amor a lo ajeno, lo que dio
otra vez cheque en blanco para que los despreciables volvieran a lo mismo,
mientras los valientes dominicanos dormían o se hacían los pendejos por el
temor a los haitianos o se dedicaban a su hobby preferido: el robo. Y pidieron
que se eliminaran los ejércitos, ellos lo hicieron, esperando que el otro siguiera.
Que la frontera no debía existir, que hubiera paso libre allí, y cero visa o
pasaporte, que no debía haber frontera ni deportación, que hubiera diálogo y con
consensualidad que en su argot es: “haz lo que te ordeno”, hasta ahora que se
encueraron y con descaro del atracador, quieren la isla para ellos a las buenas
o a las malas, sin eufemismos ni subterfugios, lo que ha puesto a los del Este
al corre-corre, nerviosos y sin saber qué hacer. Y todo porque no hubo un solo dominicano
que advirtiera de esa amenaza y peligro que esos vecinos les enrostraban desde
1801 para ahora estar a punto de perder su pedazo de isla otra vez, pero como
la naturaleza es justa señala: “No apreciaste tu libertad y olvidaste la
dignidad, mereces entonces, la esclavitud de tus verdugos haitianos”.
ANTICRITICA.BLOSPOT.COM (#341).
viernes, 31 de julio de 2015
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