Antes del final funeral
de Fidel, es importante averiguar después de tanto ajetreo, discursos, sueños,
etc., al llegar a la hora final, si él había logrado todo lo que se había
propuesto, y lógicamente, si estaría feliz al partir. Y obligatoriamente hay
que ir a la Historia en sus pasos y promesas. El atacó al Moncada, se fue a la
Sierra; llegó a La Habana triunfante y en el acto puso en práctica los planes
que había madurado en sus horas de asueto en las montañas. Prometía traer la
libertad y la democracia a los cubanos, jamás una dictadura; que tampoco había
sido comunista ni había dicho una mentira siquiera. Quiso armar a Cuba hasta
los dientes y desarrollarla para ser una inspiración, un paraíso, para los
demás pueblos en el sistema que ya visualizaba con los obreros como príncipes y
los niños glorificándolo en vez de a Jesús en su comunismo soñado. Necesitaba
dinero para ello y creía que podía lograrlo de los yanquis, pero éstos, por
sospecha legítima, se lo negaron. Les confiscó todo y se arropó con la Unión Soviética
en forma ‘justificada’, al no obtener aquel amor, se fue con el otro y se
declaró marxista-leninista y, desde los tiempos en que estaba en el vientre de
su madre. Quiso hacer muchísimos “vietnans” en las Américas contra su enemigo
mortal: los yanquis, y envió sus emisarios armados por allí, siendo el más
famoso el Che, ajusticiado ‘antes’ de tiempo. Con Allende y otros, vio el cielo
abierto y que sus sueños se acercaban a la realidad, de una América
revolucionaria y comunista. Quiso propagar en todos los países su modelo y
usaría los mismos instrumentos que esos países ofrecían: sus libertades. Quiso
destruirlo todo y comenzar de nuevo, como hacía Camboya con sus escuelas y
libros, y así crear de la nada o mejor, de las cenizas del ‘coloniaje’ al Nuevo
Hombre y a la Nueva Sociedad Cubana. Pretendía que este ‘nuevo hombre’ en esa
nueva sociedad no sería en nada parecido al cubano viejo y se distinguiría
fácilmente en que no amaría al dinero ni las cosas materiales. Al dinero,
especialmente al dólar, en vez de amarlo, lo pisotearía, lo despreciaría y en
cambio sólo vería el trabajo, la solidaridad y cantaría fervoroso “patria o
muerte, venceremos” y “viva el socialismo”.
Ese “nuevo hombre” era su meta cumbre, su máxima esperanza. Quiso desalojar a
Dios de toda Cuba, especialmente de los templos y escuelas y se declaró ateo.
Quiso limpiar la sociedad de aquellos “anormales”, los homosexuales y los aisló
y persiguió. Quiso darle educación, deportes, seguridad y eliminar el
analfabetismo sin mencionar el tesoro Libertad. Armaría para protección, los
famosos “comités de defensa de la revolución” para proteger al “nuevo hombre”.
Claramente, si entonces se analizan todas estas promesas, logros y sueños de
Fidel para Cuba y América, y cuáles se lograron o no, entonces, se llegaría a
contestar la pregunta del título. Pero si resulta que se logró una ínfima parte
y que si no se lograron, o logrados se revirtieron, pues Fidel entonces, no
pudo irse muy feliz a la tumba y le daría un estruendoso mentís a los mentirosos
que lo siguieron. El “nuevo hombre” cubano salió tan perverso como el viejo, la
sociedad está más podrida y reprimida que antes, lejos de ser mejor; la
religión se reimpuso en toda Cuba, los homos florecieron al tener Fidel una
sobrina lesbiana y forzar su tolerancia. Fidel tuvo que arrodillarse ante la imagen de
Jesús y los Papas; de su “paraíso se escapó la libertad” que nunca se conoció y
todos los que tenían la oportunidad de irse, lo hacían como los 125,000 del
Mariel, de esos “hombres nuevos’; los obreros se pensionaban con $26 dólares al
mes, que ni en Haití se veía. El hambre resaltaba en sus calles, sus edificios
dan pena. Sus balseros son los testigos del amor a su ‘nueva sociedad’, sus
obreros aunque con medicina, no pueden susurrar ni un ‘ay’; los yanquis
nuevamente parecen dominar en Cuba, con Obama, sus dólares y jineteras, y sus
seguidores en América: Chávez, Ortega, Evo, Cristina, Lula, Correa, Bishop,
Allende, etc., todos están muertos o moribundos y con muy malos olores. La
moneda legal de Cuba casi es el dólar, al que tanto quiso desterrar. En Miami
nació una pequeña Cuba más productiva que la “nueva” de Fidel y ahora con Trump
probablemente el sistema tambaleante que dejó, morirá. Por todo esto, es
evidente que Fidel jamás pudo irse feliz ni satisfecho hacia esa tumba, al no lograr
ni el mínimo de lo soñado. Le espera como al Che, que su influencia se limitará
a ver su llamativa foto en las camisetas que los idiotas y lunáticos vestirán.
ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#430). (3.12.16).
viernes, 9 de diciembre de 2016
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