Recuerdan los de “La Isla de las Vicisitudes”, cuando
los hijos de Juan Bosch, aún no habían llegado a saborear la dulzura del poder,
cuando no sabían lo que era mentir, ir al gobierno a robar, a incumplir, ellos,
en esos tiempos de emoción, de ambiente sano, del dominio de la ilusión, de la
pasión bien intencionada, comenzaron a publicar lo que pronto se hizo famoso:
el Álbum de la Corrupción. Especie de un periódico de varias páginas, a
colores, en el que se detallaban los actos de corrupción que cometían o habían
cometido los miembros del partido contrario, del Partido Reformista o el del
Partido Revolucionario Dominicano, como robarse el dinero del Estado, tener
lujosas mansiones sin saber cómo las obtuvieron con salario de pobre, grandes
propiedades, lujos, gordas cuentas bancarias, carros, en fin ese mundo en que
los ladrones se dan banquetes en los países que nacieron para ser podridos como
Santo Domingo RD. Era cuando los hijos de Bosch, o los del Partido recién
parido, el mal llamado de Liberación, clasificaban a los nativos en los decentes,
ellos, y los demás, los de los álbumes y se vanagloriaban, cuando vendían el
álbum de la corrupción, que el pueblo corría a comprarlo, para ver los últimos victimarios
de los desfalcos a la cosa pública. Esa euforia de decencia duró hasta unos
meses después del 1996 en que por primera vez los hijos de Bosch comenzaron a
saborear el poder para corromper. De ahí en adelante sepultaron el espíritu del
Álbum, y todo fue perfume, silencio, compras al granel, de escritores,
periodistas, en fin, el dinero del Estado se usó para aceitar la maquinaria que
nacía de la experiencia señalada en los álbumes. Ahora mandaban en la
corrupción los denunciadores, creando así otro tipo de Álbum, el de la
Putrefacción. Y no hay mejor confirmación lo que trae la prensa cuando comenta
varios temas todos girando en la putrefacción que rodea al mandatario de turno,
y él, en vez de sentirse aludido, señalado y acusado, sale en los medios, como
un loco suelto, sonriente, saludando y besando a todos y dándoles ‘las buenas
noticias esperadas, ansiadas por toda la comunidad’ de que él va a hablar en
estos días acerca del asunto de la Reelección, que aunque ya siendo un hábito
en sus mentiras, prometió que haría eso en marzo y va por mayo y aún sigue
jugando al idiotismo político reeleccionista. Pero parece que lo que él estaba
esperando era lo que la gran periodista (de las poca(o)s que honran el
periodismo, Nuria Piera denunciara en su álbum de la Putrefacción la inmensa
cantidad de familiares de funcionarios que tienen algún pariente como hija,
hijo, sobrina, concubina, esposa, amante, querida, conocida, enganchada en las
nóminas de Estado con sueldos elevadísimos sin hacer nada, solamente por ser
familiar o lo que fuera de tal funcionario del Estado, y todo sin que el
parecidamente cómplice gobernante del país se diera cuenta, le importara, como
si el Estado fuera de su propiedad o de los ladrones de su partido. Tampoco le
importaba que en ese mismo día un periódico de amplia circulación publicara
“Falta reglamento permite festín altos salarios Estado” (Hoy, 29.5.29) en que
se dan más detalles de la amplitud de la putrefacción de ese país, su estado y
gobierno. Y la gente en su agónica indefensión ante la embestida putrefacta
grita: “¿Para qué sirven la independencia y soberanía de algunos países, si sólo
se dedican a engordar la putrefacción social como la letrina RD? Por eso es tan
importante revivir el poder del Garrote de Roosevelt para limpiar la
putrefacción de AL, porque de dentro jamás podrán. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#537, 29.5.19).
miércoles, 29 de mayo de 2019
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