Dios sería el culpable
por haber dividido el día en claro y oscuro. De día lo mejor, de noche, cuando
estaba negra, lo peor, miedo y terror. De ahí la naturalidad: ”Qué noche más
negra, “Qué suerte negra la mía”, “Cómo hieden las aguas negras”, “Samy se pone
crema para borrarse lo negro que le inquietaba. “Está de luto, se le murió el
marido” . “La peste negra mató millones en Europa”. Todos saben de esta
asociación del color de una de las razas humanas que siempre ha llevado la
desventaja, para ayudarla a perder antes de comenzar. Ni blancos, amarillos, indios la llevan, sólo
los pobres negros. Con razón en EU no gusta que les llamen así, prefieren “afro”
y hoy decir ‘ese negro’ ya está desechado. Pero el problema es que como la
costumbre hace ley, hasta los propios negros cuando quieren desahogarse de un
compatriota le llaman “fucking nigger”, y de los demás ni hablar, pues siempre
se ha practicado, aunque en algunos países cuando se usa no es para herir, sino
para mortificar o joder. Y en Santo Domingo se han presentado dos personajes
que por sus calibres demuestran que lo
negro es positivo y que sirve a la vez para reafirmar que no son racistas, con una
nueva dimensión sin importar que tienen mulatos, blancos y muchos negros y más
del otro lado de la frontera, lo que ha sido motivo de conflictos. El primero
en un hombre, que en su cara tiene surcos que indican que por allí han corrido
muchos ríos y las arrugas podrían competir con las del trasero, y sus ojos
reflejan también los años, lo mismo el pelo, ya es blanco todo. Los bigotes a
veces se los deja, y los tiñe como el pelo, de negrito todo. Nada de blanco, su
pelo tenía que ser negro porque le daba ese ‘look’ de juventud que lo blanco le
quitaba. Como jefe de un gran banco, era el que daba las grandes noticias del
progreso del país y la inflación, cuando lo hacía se quitaba los bigotes, y
luego se los volvía a dejar, porque
pensaba que si los ‘americanos’ no tenían bigote él tampoco lo tendría. Sin
embargo, el pueblo casi lloraba cuando aparecía sin sus bigotitos, tan
hermosos, tan intensamente negros, aunque sin evitar el contraste entre lo
negro y las enormes arrugas y los ojos “cáidos” como dicen los ‘cibadeños’. Qué
hermoso se veía con sus bigotitos pintados y su pelo negro, ah, y las cejas también
negras. Casi un racista a lo inverso. La gente lo amaba y más cuando daba
noticias como que el país estaba creciendo al 8% más que todos en América y que
la inflación era el 0.00005%. (si alguien decía que el presupuesto se balanceaba
con préstamos en dólares, replicaba que eso era ‘persecución política’). Y
cuando lo decía se acariciaba los bigotitos, seguro de que no los contaminaría,
pues él no tocaba nada con virus. No cuando iba al baño, pues entre los
privilegios del Gobierno por ser un buen banquero, estaba el seguro, chofer,
pistola, ayudantes, especialmente para ir al baño para que sus uñas esmalteadas
no se maltrataran. Si iba a defecar, un ayudante iba primero, le bajaba los
pantalones y se aseguraba que todo estuviera limpio. Luego de terminado, tomaba
el papel, lo enrollaba, el banquero se doblaba un poquito y suavemente lo
limpiaba, sin molestarle las antiguas hemorroides que una vez tuvo. (A veces le
pedía que le chequeara la próstata, ay, y cómo le gustaba, eh, eh, era un
secreto del ayudante). Si el asunto era orinar, el ayudante iba, le bajaba el
ziper, sacaba la ‘pistola’, la acomodaba, se iba por detrás, le agarraba las
dos bolas, y así el banquero podía orinar sin problemas. Eran partes de rutinas
privilegiadas y se lo merecía, por siempre dar esas buenas noticias y a la vez que
servía de desmentido del supuesto racismo. La misma grandeza a lo negro hacia
otra funcionaria del gobierno, una mujer, y de la misma edad que el banquero,
usaba tremenda peluca negra también, bien negra, como para decirle a los calumniadores,
‘ven cómo amamos lo negro, no somos racistas’. Educadora y también por la edad
tenía los surcos del conuco, y con su enorme peluca negra, su boquita a lo rojo
vivo y sus cejas negritas hacía el mismo servicio. Imagínense, si la peluca
educadora o los bigotitos del banquero hubieran sido blancos… qué horribles sería
la realidad, así que en estos dos ejemplos Santo Domingo demostró el valor de
lo negro y lo lejos que está de ser racista al amar lo negro. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
(#409).
domingo, 28 de agosto de 2016
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