¿Quién en este convulsionado
mundo, ya rumbo al abismo, no ha
experimentado el caso en que ganando termina perdiendo? Son infinitas las variantes
que en esto sucede, en la ley, lo social, político, comercial, pero en lo que más
duele es en lo personal. ¿Quién no pierde un pleito contra su mamá cuando le
gana? ¿Quién gana cuando a un hijo le dice la verdad y lo ve con el moco para
abajo? ¿O cuando el mismo comete una locura por haber recibido una reprimenda
de la verdad? ¿O la mujer que llora desconsolada por la verdad del marido? Y no
importa que la ganancia sea el producto del ejercicio de la obligación familiar, de la ley, un
derecho y el de tener la razón. Muchas veces se debe pensar que tener la razón
y el amparo del derecho no es suficiente para ganar, y no ver que el ganar
significa perder. En los políticos es similar. Muchos creen que robando,
acumulando dinero y enrostrándolo al vecindario, se gana. Esta ganancia es
temporal, y muy pronto se tornará una fatalidad, claro en países como Santo
Domingo donde la norma, lo común, lo encomiable, recomendable, el modelo, es
hacer lo mal hecho, se hace más fácil sentirse ganador y hasta duradero, pero
al final es un perdedor, porque la sociedad, o lo que quede de decencia en
ella, siempre recordará a ese ladrón que se robó el dinero del pueblo, y que él
podría ser ‘aceptado’ como aparenta, pero sabe que en el fondo es un perdedor,
porque no tiene lo que hace al individuo ganador, la decencia y la moral y
todos le guardan el secreto para enrostrárselo al mejor momento. En este caso
podría haber una excepción, y es que el político ladrón (error: no hay que
añadirle “ladrón”, si político lo dice todo), y es que éste no siempre lo
pierde todo, sino que porque la sociedad lo protege, él podría perder, no así
sus herederos, que bien heredan lo robado y lo disfrutan plácidamente y sin
rubor. Así es que como el macho araña de la viuda negra, el padre se inmola,
pierde para que el hijo ría y gane. ¿Y cuando el hombre o lo que se parezca a él,
decide golpear y maltratar a una mujer porque sabe que no tiene los músculos
como él, la fuerza ni las habilidades, en fin, que es más fácil golpear a una
mujer que a un hombre? Claro, el que lo hace, gana aparentemente, le partió la
cara, un brazo, le hinchó un ojo o la mato. Si la mata es ya un perdedor, y si
no, lo es también, porque ¿quién puede responder con propiedad al “que le
hiciste eso por lo fácil que es darle a una mujer”? Aun la bestia más grande
debe quedar callada porque sabe que es un ganador que perdió. También se aplica
al traficante de drogas… Ahh, qué bien, es tenerlo todo, carro, casa, viajes,
ropas, prendas, que todos saben viene del negocio de las drogas, y él sabe que
está ganando, pero también está perdiendo porque cada día se acerca más y más a
la cárcel o a la tumba. Y moralmente, aunque a muchos de ellos cuando los
ajustician, sus cuates de la sociedad, lo despiden hasta con música, alegría y en
nutrido cortejo, saben que todos saben que todo lo que tiene es mal habido y en
cualquier momento explota para su mal. Y entonces, ¿qué hacer sabiendo que el
ganar traerá el perder? Bueno, en los últimos ejemplos, es fácil, sólo evitando
hacer esas cosas se ‘gana’, pero en los primeros ejemplos, la cosa es más
difícil. ¿Qué hacer cuando sabiendo que alguien allegado actúa mal y que es
reincidente para merecer esa reprimenda, pero al mirarlo nota lo débil que es y
el mal que podría hacerle? Sí sabes que si, lo hiciste, te diste el gusto,
cumpliste con tu deber, pero tu conciencia te persigue, y no hay cosa más mala
que cuando la conciencia persigue a su dueño… ¿qué hacer entonces? Esto muchos
lo han probado y se han dado cuenta, que no vale la pena ‘ganar’ para perder,
pero entonces, ¿no se hace uno cómplice de lo malo no en uno, sino en quien uno
quiere ayudar y proteger? Quizás entonces, es el momento de acudir al psiquiatra
por ayuda, porque es difícil hacer para perder y no hacer para perder siempre
también. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM (#305).
miércoles, 3 de agosto de 2016
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