Como decía aquel filósofo español Ortega y Gasset,
que el hombre era él y su circunstancia, significando que ese hombre (la mujer
también) podría estar constituido de la suma de su heroicidad y la maldad al
mismo tiempo. Y como somos humanos, así generalmente es el hombre, excepto ese
otro especial llamado Jesús. El resto cae en la esa categoría de lo feo y de lo
bello. Pero el problema no es que esté constituido de esa forma, sino es que
sus congéneres son tan débiles y proclive a la falsedad, que a esos hombres,
especialmente si son sus héroes o personajes sobresalientes (en cualquier
campo), les reconocen, resaltan sólo sus valores de heroicidad y bondad, jamás de sus cosas feas, horribles y defectos
que les adornan también. ¿Y por qué hacen esto si es universalmente aceptado
que el hombre no puede ser puro ni perfecto? Pero entonces, ¿por qué culpar a
los héroes y no a los que los quieren y alaban así? Es que como la sociedad es
un ser vinculado a su todo físico y espiritual, la debilidad de sus miembros es
la debilidad de sus héroes, porque sus héroes los inducen a adorarlos y aquéllos
son serviles en hacerlo. Es decir, en esta relación de alabanza y aceptación
está la expresión más pura de la hipocresía del hombre. Claro, no todos los
hombres ni toda la sociedad los acepta así, porque hay muchos que antes de ser
glorificados, advierten que tienen sus cosas puras y oscuras y que por lo tanto
deben prepararse para aceptarlo así. Y así también existe parte de la sociedad
que reconociendo lo de Gasset, lo esperan, lo buscan y lo aceptan, porque lo más
que le interesa es que al héroe se le acepte de carne y hueso, no de santidad,
como muchos gustan. En este punto hay un conflicto siempre latente con Duarte,
quien fue un hombre que entre los miles de vivos de su tiempo, se puede decir,
que se acercó mucho a la divinidad, alejado del mundano mundo. Pero aun los que
lo defienden y aquellos que así quieren pintarlo, se pelean y piden que a él
hay que encuadrarlo como lo que era, un hombre con sus virtudes y debilidades.
Es de los pocos casos en que los héroes y sus seguidores se pelean para que se
acepte la sentencia de Gasset. Y no hay momento más apropiado para recrearse y
conocer de estos casos que cuando los personajes por alguna razón de la vida
mueren, sea porque les llegó su turno o por alguna ida a destiempo. Por ejemplo,
cuando Mandela murió ya traía un rastro de muchas cosas no muy santas entre
violencia y la prédica de la mentira de su ‘paraíso’, pero cuando en su lecho
se le comenzó a pasar el balance, se le reconoció la dualidad de Gasset, pero
se resaltó como era natural, la parte más bella de él, sus virtudes y amor,
pero no negando sus defectos o las feas. Al morir García Márquez, ese gigante
de la literatura, sucedió lo contrario, que porque era grande, que porque fue
famoso, que porque escribió bellezas literarias, que porque lo admiraban millones,
entonces, había que aceptarlo como un Jesús y no como un humano, y se
resaltaron todas sus virtudes, y se escondieron sus defectos. También pasó con
un poeta apellidado Cardenal en un festival libresco. Así se pudo ver a ese ejército
de hipócritas, incluidos admiradores, intelectuales, periodistas, escritores
como él y de enanos también, lo que muchos llaman, “la crema de la sociedad”,
subirlos al cielo dejando bajo la alfombra los escombros que dejan o dejó en la
tierra. ¿Es de honor esto, hay sinceridad? Para una parte de la sociedad no,
pero para otra ya se ha hecho una costumbre, y sólo hay que acomodarse para
observar si entre las dos se enfrascan para ver cuál vence a la otra y el
hombre, a todos, se les juzga y acepta como decía Gasset, alejándose de la
hipocresía despreciable que tanto abunda en la sociedad moderna. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM. (Próximo: “No
llores por quien pudo haber sido mala”, poema).
domingo, 27 de abril de 2014
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario