domingo, 27 de abril de 2014

LA HIPOCRESÍA DE ALGUNOS HÉROES




Como decía aquel filósofo español Ortega y Gasset, que el hombre era él y su circunstancia, significando que ese hombre (la mujer también) podría estar constituido de la suma de su heroicidad y la maldad al mismo tiempo. Y como somos humanos, así generalmente es el hombre, excepto ese otro especial llamado Jesús. El resto cae en la esa categoría de lo feo y de lo bello. Pero el problema no es que esté constituido de esa forma, sino es que sus congéneres son tan débiles y proclive a la falsedad, que a esos hombres, especialmente si son sus héroes o personajes sobresalientes (en cualquier campo), les reconocen, resaltan sólo sus valores de heroicidad y bondad,  jamás de sus cosas feas, horribles y defectos que les adornan también. ¿Y por qué hacen esto si es universalmente aceptado que el hombre no puede ser puro ni perfecto? Pero entonces, ¿por qué culpar a los héroes y no a los que los quieren y alaban así? Es que como la sociedad es un ser vinculado a su todo físico y espiritual, la debilidad de sus miembros es la debilidad de sus héroes, porque sus héroes los inducen a adorarlos y aquéllos son serviles en hacerlo. Es decir, en esta relación de alabanza y aceptación está la expresión más pura de la hipocresía del hombre. Claro, no todos los hombres ni toda la sociedad los acepta así, porque hay muchos que antes de ser glorificados, advierten que tienen sus cosas puras y oscuras y que por lo tanto deben prepararse para aceptarlo así. Y así también existe parte de la sociedad que reconociendo lo de Gasset, lo esperan, lo buscan y lo aceptan, porque lo más que le interesa es que al héroe se le acepte de carne y hueso, no de santidad, como muchos gustan. En este punto hay un conflicto siempre latente con Duarte, quien fue un hombre que entre los miles de vivos de su tiempo, se puede decir, que se acercó mucho a la divinidad, alejado del mundano mundo. Pero aun los que lo defienden y aquellos que así quieren pintarlo, se pelean y piden que a él hay que encuadrarlo como lo que era, un hombre con sus virtudes y debilidades. Es de los pocos casos en que los héroes y sus seguidores se pelean para que se acepte la sentencia de Gasset. Y no hay momento más apropiado para recrearse y conocer de estos casos que cuando los personajes por alguna razón de la vida mueren, sea porque les llegó su turno o por alguna ida a destiempo. Por ejemplo, cuando Mandela murió ya traía un rastro de muchas cosas no muy santas entre violencia y la prédica de la mentira de su ‘paraíso’, pero cuando en su lecho se le comenzó a pasar el balance, se le reconoció la dualidad de Gasset, pero se resaltó como era natural, la parte más bella de él, sus virtudes y amor, pero no negando sus defectos o las feas. Al morir García Márquez, ese gigante de la literatura, sucedió lo contrario, que porque era grande, que porque fue famoso, que porque escribió bellezas literarias, que porque lo admiraban millones, entonces, había que aceptarlo como un Jesús y no como un humano, y se resaltaron todas sus virtudes, y se escondieron sus defectos. También pasó con un poeta apellidado Cardenal en un festival libresco. Así se pudo ver a ese ejército de hipócritas, incluidos admiradores, intelectuales, periodistas, escritores como él y de enanos también, lo que muchos llaman, “la crema de la sociedad”, subirlos al cielo dejando bajo la alfombra los escombros que dejan o dejó en la tierra. ¿Es de honor esto, hay sinceridad? Para una parte de la sociedad no, pero para otra ya se ha hecho una costumbre, y sólo hay que acomodarse para observar si entre las dos se enfrascan para ver cuál vence a la otra y el hombre, a todos, se les juzga y acepta como decía Gasset, alejándose de la hipocresía despreciable que tanto abunda en la sociedad moderna. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM. (Próximo: “No llores por quien pudo haber sido mala”, poema).

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