Es tan maravilloso Feisbuc, que aunque para algunos
sólo es una vía de comunicación, para muchos es algo más grande, un vicio, tan
adictivo y amarrante, que aun los que cometen actos en contra de la Ley y la
moral, se ven compelidos a decirlo por allí para llenar esa necesidad de que el
acto se sepa, que no quede sólo en su conocimiento. Y lógicamente, al hacerlo, ayudan
a las autoridades a atraparlo, sin necesidad de esfuerzo para condenarlo en los
tribunales. Así se ha visto con aquél que mató a su novia y la puso allí, el
que violó la mujer, el que se suicidaba, la que logró burlar una examen de no
conducir bajo los efectos del alcohol, pero al ir corriendo a pregonarlo en
feisbuc las autoridades la atraparon mansita en su casa. O la que mató a su
hijo por parecer “gay” y lo divulgó por allí. Todo eso es belleza y dolor, gracias al maravilloso mundo de feisbuc. También
de casos en el que él o ella dice va a cometer un suicido, y lo hace creyendo
que sería solo en feisbuc, sin darse cuenta que no se podía echar para atrás
como quitar una foto. Por eso yo me
contento con sólo mirar a mi feisbuc para aprender y gozar, especialmente
recordando las cosas buenas que he pasado por allí como éstas: Como su primera
maravilla es esa facultad que tiene el más pequeño de los insectos o mortales
de enviar allí su foto en cualquier forma, posición o lugar, y que de seguro
será publicada, y entonces, ahhh, los amigos, conocidos y hasta los enemigos,
lo verán allí fotografiado. Eso es maravilloso y conociéndose la debilidad del
humano por su auto amor y estima, que algunos llaman “narcisismo a lo agudo”,
eso es lo que más aprecian esos seres humanos. Hay que aclarar algo entonces:
no soy humano porque nunca he puesto una
foto mía allí, a pesar del derecho de hacerlo y del desafío que recibí varias
veces, de una mujer y otra de un tipo. La mujer me dijo: “pon tu foto y no te
escondas para opinar, para conocerte” y me lo decía con algo más que amor. El
hombre también me lo exigió, pero con amenaza, porque simplemente en ambos
casos ejercí el derecho de opinar sobre algo de ellos o su foto. A la mujer le
contesté que no ponía mi foto porque era muy lindo y no quería que ella me
enamorara y luego me acosara. Supongo que su enojo sería inmenso. Y es que
estos mortales adictos a feisbuc aceptan todo, menos que se les critique y si
lo haces, te borran del mapa y castigan en no ser sus amigos. Así me hizo un
amigo, que eran tantas sus fotos, pues que me hice adicto a darle opinión sobre
cada una. Un día él estaba dentro de un auto y le opiné: “estás concentrado,
parece que ve peligro” según la foto. Le gustó. Otro día puso una para que se
viera lo elegante que era, y le opiné que se parecía a Ramfis y se enojó tanto
que me “afuerió”. ¡Ay, pero si Ramfis fue un gran fotogénico!, y todavía lloro
su partida, porque gozaba con sus fotos que incluía hasta del tatarabuelo. Y me
duele, porque siempre esperé una foto, ‘selfie’ de él en el sanitario sentado
allí pujando…, pero ya no la veré, y me duele. Otra, fue una mujer, muy
importante de la sociedad, que estaba en todo, de “clase”, como se dice cuando
alguien no es de los pobres. A una foto de ella, le dije, “qué bella se ve con
su labio superior arqueado” porque se estaba riendo y se veía bien. No se si
fue por mi opinión, o qué, pero luego aparecieron muchas opiniones sobre la
persona y todas diciendo lo bella que era, tanto que me empujaron a opinar otra
vez, y dije “Cuidado, no tanto porque la van a dañar”, opinión que la obligó a
responder: ‘no, no lo creo”, diciendo algo así como que estaba acostumbrada.
Luego puso una foto con tres mujeres: Michilet, de Chile, junto a Cristina y
Dilma de Brasil. Y opiné: “Tres mujeres, una buena y dos malas”, y esa inocentada
no cayó bien. Luego alguien opinó sobre esa opinión y yo quise responder, y ahí
mismo me aplicaron la censura. La señora de fotos y alabanzas me censuraba en su
web porque ya mis opiniones no aparecían allí. Escribí tres y ninguna apareció
y me quejé sin estar seguro si era de feisbuc. Pasaron semanas y luego apareció
la señora confirmando que tenía derecho a opinar, pero… y ahí metió el pero de
los censores. Confirmó que me censuró porque ahora las opiniones aparecían
allí. ¡Ah, la belleza, que ni aun ella puede despreciar el poder de censurar ni
escaparse de las garras del narcisismo. Y con un narcisista gocé mucho, pues
era un poeta, y se desvivía en poner su foto en la calle, en la sala, aposento,
con un espejo, hasta las que le enviaban que le tomaban por la playa, y que “él
desconocía” quién se la había tomado. Es tan puro su narcisismo que lo que pone
en su feisbuc es sólo para: “me gusta o compartir”, nunca para opinar. Lo
pueden ver (al narciso) y leer, pero no opinar. Hasta ahí llegaba la
enfermedad. Era un enfermo idólatra de sí mismo, y parecía normal, pero así es que
los hace ese maravilloso feisbuc: encuerando a los débiles y enfermos. Por eso
creo que es bello seguir disfrutando las maravillas de feisbuc, especialmente a
los narcisistas y exihibicionistas. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM
lunes, 7 de abril de 2014
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