lunes, 7 de abril de 2014

LAS MARAVILLAS DE FEISBUC (Facebook)




Es tan maravilloso Feisbuc, que aunque para algunos sólo es una vía de comunicación, para muchos es algo más grande, un vicio, tan adictivo y amarrante, que aun los que cometen actos en contra de la Ley y la moral, se ven compelidos a decirlo por allí para llenar esa necesidad de que el acto se sepa, que no quede sólo en su conocimiento. Y lógicamente, al hacerlo, ayudan a las autoridades a atraparlo, sin necesidad de esfuerzo para condenarlo en los tribunales. Así se ha visto con aquél que mató a su novia y la puso allí, el que violó la mujer, el que se suicidaba, la que logró burlar una examen de no conducir bajo los efectos del alcohol, pero al ir corriendo a pregonarlo en feisbuc las autoridades la atraparon mansita en su casa. O la que mató a su hijo por parecer “gay” y lo divulgó por allí. Todo eso es belleza y dolor,  gracias al maravilloso mundo de feisbuc. También de casos en el que él o ella dice va a cometer un suicido, y lo hace creyendo que sería solo en feisbuc, sin darse cuenta que no se podía echar para atrás como quitar una foto.  Por eso yo me contento con sólo mirar a mi feisbuc para aprender y gozar, especialmente recordando las cosas buenas que he pasado por allí como éstas: Como su primera maravilla es esa facultad que tiene el más pequeño de los insectos o mortales de enviar allí su foto en cualquier forma, posición o lugar, y que de seguro será publicada, y entonces, ahhh, los amigos, conocidos y hasta los enemigos, lo verán allí fotografiado. Eso es maravilloso y conociéndose la debilidad del humano por su auto amor y estima, que algunos llaman “narcisismo a lo agudo”, eso es lo que más aprecian esos seres humanos. Hay que aclarar algo entonces: no soy humano  porque nunca he puesto una foto mía allí, a pesar del derecho de hacerlo y del desafío que recibí varias veces, de una mujer y otra de un tipo. La mujer me dijo: “pon tu foto y no te escondas para opinar, para conocerte” y me lo decía con algo más que amor. El hombre también me lo exigió, pero con amenaza, porque simplemente en ambos casos ejercí el derecho de opinar sobre algo de ellos o su foto. A la mujer le contesté que no ponía mi foto porque era muy lindo y no quería que ella me enamorara y luego me acosara. Supongo que su enojo sería inmenso. Y es que estos mortales adictos a feisbuc aceptan todo, menos que se les critique y si lo haces, te borran del mapa y castigan en no ser sus amigos. Así me hizo un amigo, que eran tantas sus fotos, pues que me hice adicto a darle opinión sobre cada una. Un día él estaba dentro de un auto y le opiné: “estás concentrado, parece que ve peligro” según la foto. Le gustó. Otro día puso una para que se viera lo elegante que era, y le opiné que se parecía a Ramfis y se enojó tanto que me “afuerió”. ¡Ay, pero si Ramfis fue un gran fotogénico!, y todavía lloro su partida, porque gozaba con sus fotos que incluía hasta del tatarabuelo. Y me duele, porque siempre esperé una foto, ‘selfie’ de él en el sanitario sentado allí pujando…, pero ya no la veré, y me duele. Otra, fue una mujer, muy importante de la sociedad, que estaba en todo, de “clase”, como se dice cuando alguien no es de los pobres. A una foto de ella, le dije, “qué bella se ve con su labio superior arqueado” porque se estaba riendo y se veía bien. No se si fue por mi opinión, o qué, pero luego aparecieron muchas opiniones sobre la persona y todas diciendo lo bella que era, tanto que me empujaron a opinar otra vez, y dije “Cuidado, no tanto porque la van a dañar”, opinión que la obligó a responder: ‘no, no lo creo”, diciendo algo así como que estaba acostumbrada. Luego puso una foto con tres mujeres: Michilet, de Chile, junto a Cristina y Dilma de Brasil. Y opiné: “Tres mujeres, una buena y dos malas”, y esa inocentada no cayó bien. Luego alguien opinó sobre esa opinión y yo quise responder, y ahí mismo me aplicaron la censura. La señora de fotos y alabanzas me censuraba en su web porque ya mis opiniones no aparecían allí. Escribí tres y ninguna apareció y me quejé sin estar seguro si era de feisbuc. Pasaron semanas y luego apareció la señora confirmando que tenía derecho a opinar, pero… y ahí metió el pero de los censores. Confirmó que me censuró porque ahora las opiniones aparecían allí. ¡Ah, la belleza, que ni aun ella puede despreciar el poder de censurar ni escaparse de las garras del narcisismo. Y con un narcisista gocé mucho, pues era un poeta, y se desvivía en poner su foto en la calle, en la sala, aposento, con un espejo, hasta las que le enviaban que le tomaban por la playa, y que “él desconocía” quién se la había tomado. Es tan puro su narcisismo que lo que pone en su feisbuc es sólo para: “me gusta o compartir”, nunca para opinar. Lo pueden ver (al narciso) y leer, pero no opinar. Hasta ahí llegaba la enfermedad. Era un enfermo idólatra de sí mismo, y parecía normal, pero así es que los hace ese maravilloso feisbuc: encuerando a los débiles y enfermos. Por eso creo que es bello seguir disfrutando las maravillas de feisbuc, especialmente a los narcisistas y exihibicionistas. ANTICRITICA.BLOGSPOT.COM



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