domingo, 15 de abril de 2012

DE SECUESTRADORES A BENEFACTORES

Cualquiera diría que se puede cambiar de oficio tan fácil y rápido como cambiarse de calzoncillo. Para la mayoría de la gente no es así, excepto para los neocomunistas o los antiguos redomados. Eso es lo que han pretendido los de las FARC, y sus incondicionales en Cuba, Chávez, Piedad Córdoba y otros, con la compaña orquestada por esos agentes en las bien cubiertas actividades de la liberación de los diez agentes del Ejército de Colombia. Claro, en esta oportunidad, la propaganda fue más amplia, con datos repetidos de que la “liberación de los rehenes ha sido unilateral”, y que aunque ha habido dilación, ellos “quieren que las cosas salgan lo mejor posible, y siempre para seguir advirtiendo de las actividades del Ejército de Colombia que impide y pone en peligro la misión humanista”. Para un extra-terrestre que bajara del cielo y observara la operación, quedaría fácilmente confundido en saber en qué lado estarían los malhechores y de qué lado los inocentes. La función de Piedad Córdoba, una ex diputada expulsada del Congreso de Colombia, por sus lazos con las fuerzas del mal, es de la misma calaña que la que pretendía obtener Hugo Chávez, pero que la seriedad y energía del ex presidente de Colombia, Uribe, se lo impidió. Recuérdese, que Chávez quería que lo nombraran el intermediario entre aquel gobierno y las FARC para entre otras cosas, “ayudar” a la liberación de los rehenes. De ñapa pedía que a las FARC se le reconociera el estatus de “fuerza beligerante”. La intención era más que clara. El quería no sólo mostrarse como un humanista, sino además, por debajo, como un agente protector de las FARC. Lo mismo que hace la Córdoba. A Chávez, Uribe le pateó y a la Córdoba la igualaron, porque ambos pretendían cambiar esos calzoncillos sucios sin que nadie lo notara, y meter en la mente de las personas que los criminales que secuestraban eran las víctimas y los secuestrados los victimarios. Querían pasar de secuestradores a benefactores. Esto sería lo que creerían los extraterrestres si no fuera por las fuerzas que se han opuestos a estos planes macabros de esos personajes. Cuando se logró la liberación de los rehenes en estos días, después de dilaciones, y de cumplirse todas las condiciones impuestas por los terroristas, como el alejamiento del Ejército, participación de la Cruz Roja, del Ejército de Brasil y por supuesto, la de la Córdoba, obligatoriamente todos en Colombia quedaron felices por ver a esos pobres hombres, después de hasta 13 años en cautiverio, en condiciones peores que bestias, alejados de sus familias y permanentemente amenazados de muerte, como hicieron a otros, en caso de intento de liberarlos. Los autores de los secuestros esperaban que los llamaran salvadores, hijos de Teresa de Calcuta, porque al fin, habían hecho posible la libertad de esos hombres, reteniendo los cientos que aún mantienen en la selva. La temeridad de esa gente no tiene límites, porque hay que ser de la más baja calaña humana para secuestrar gente, pedir rescate y luego soltarlos después de años en cautiverio, y exigir que le den las gracias por ello. Claro, como las FARC están en la selva y están bien armadas, es difícil castigarlos, excepto con los certeros actos de exterminio del Ejército de Colombia que ya ha ajusticiado a sus principales cabezas, pero los que están fuera de allí, como los cómplices gobernantes de Cuba, Chávez, Córdoba y otros, a esos, las fuerzas del bien y honor deberían mantener una campaña permanente de que la gente sepa y aun los extraterrestres, de que jamás puede un secuestrador trocarse en benefactor, aunque esto naturalmente, sería advertido por ellos, de que dificultaría futuras liberaciones unilaterales para seguir explotando el rejuego del dolor de los familiares y el deseo de los secuestrados. ANTICRITICA. Blogspot.com

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