MANCHA EN EL ESTADIUM ESTRELLA DE MIAMI
¡Cónchole, (no, mejor, ¡ñaaazooo…!) qué suerte tiene Miami! Después de tanto luchar, pelear, discutir y esperar en hacer su stadiun de béisbol, y ahora pasarle lo de Guillén. ¿Con qué gusto y energía ningún miamense va a ir a ese stadiun a aplaudir y apoyar a sus peloteros, si al mismo tiempo lo está haciendo y mirando al lengua suelta de Guillen? No puede. Es muy difícil porque no se puede separar al pelotero del mánager e innegablemente que ese mánager es indigno de seguir ocupando ese puesto. Si alguien grita un ¡ole, viva, vaya!, para algún pelotero, lo hace para Guillen y en consecuencia, a favor de Fidel. ¿Y quién en Miami quiere gritar algo que no sea para maldecir a Fidel y su gente?, por lo tanto Guillen debe de ser despedido. Y no es que la gente de Miami sea intransigente, troglodita o gusanera, no es eso, es que observando lo último, mientras el Presidente Obama suelta las presiones en busca un poco de aire para el pueblo bajo la tiranía, ella se ensaña más y más contra todo el pueblo cubano, especialmente, contra las mujeres, que sólo aspiran a tener un poco de libertad, siquiera caminando por las calles. Al pobre Carrión, al valeroso solitario, todavía está preso y torturado por sólo gritar ¡Abajo el Comunismo! Naturalmente, los afectados directamente del salvajismo de la tiranía son los familiares que viven en Miami, entonces, las reacciones son más que comprensibles. Lo que dijo Guillen de Fidel son dignas para que su autor sea enviado a Cuba o a Venezuela a lamerle el trasero a sus ídolos. Que él amaba a Fidel y le tenía respeto, eso sólo una mente hueca o los que están amarrados al destino del tirano pueden decirlo. ¿Tenerle respeto, porque no lo han ajusticiado aún, a quien por 52 años ha venido tratando a su pueblo como un hato de ganado? No joda Guillen, si es tan analfabeto que no sabe distinguir entre el respeto que sale de la dignidad y del que sale del terror, entonces él no es digno ni de siquiera ser pelotero. Bueno, para ser pelotero no se requiere de mucho, sólo se necesita generalmente, ser fuerte físicamente aunque con el cerebro semivacío. Ahí están los que usan drogas prohibidas, corchos en el bate, maltratan a las mujeres, falsifican documentos e imploran desvergonzadamente cuando ya no les dan más contratos. Y ser mánager, bueno, eso es un poquito más, pero siempre sin cerebro. Las excusas llorosas (¡cónchole, a estos chavistas si les gusta llorar!) no tienen ningún valor, porque sus palabras salen de lo profundo de su corazón, de su intención, de su convicción. El dijo lo que dijo y lo reafirma un exabrupto que ya antes había dicho en un “!Viva Chávez!”. Quien grita eso, sabe muy bien lo que está diciendo aunque no entienda la implicación de su acción. El sabía, o debía saberlo, todo el daño que le haría no sólo a la fanaticada de Miami, sino a los que le daban empleo, a los dueños del equipo, que bajo ninguna circunstancia aceptarían tener una fanaticada hostil a su nuevo equipo, que se le boicoteara, hiciera buuuu, tiraran cosas en su nuevo estadio con su nuevo espíritu. Si Guillén no sabía el gran daño que ocasionaría, sería otra razón más para despedirlo, por incompetente, ignorante e ingrato. Muchos quisieron amortiguar la ofensa, diciendo que si Guillé lo hubiera dicho (bueno fue en la revista Times) lo dicho en Chicago, quizás el alboroto no hubiera sido tanto, pero decirlo en Miami, bueno la reacción era más que esperada. Es como usualmente se hace la analogía, de que si en Nueva Cork, la cuna de los judíos, se halaga a Hitler o a los nazis, de seguro que los judíos no se quedarían con los brazos cruzados. Lo mismo hacen los cubanos de Miami y con toda la razón del mundo, por lo tanto, lo más justo, indicado, sabio y procedente es enviar a Guillén a jugar donde debería estar: en la liga de béisbol de Cuba, y no manchando la belleza de la gran Miami. ANTICRITICA. Blogspot.com
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