sábado, 7 de abril de 2012

EL TERROR ENTRE LOS LIBERTADORES

Es una verdad como una pirámide que los que usan el terror para sus fines tarde o temprano caen bajo él sin piedad. Robespierre y Danton, en la Francia terrorista, fueron aplastados por su instrumento. Otra verdad es que el terror y el temor es lo que hace que los regímenes como el de Fidel se mantengan todavía ahí. Chávez, como auto-heredero o complemento de ese tirano, ya estaba graduándose de la práctica de esos dos instrumentos para mantenerse en el poder, pero intervino la Naturaleza, y le ha puesto un stop, o por lo menos, le quitó el ímpetu con que iba hacia la gobernación vitalicia y tiránica descarnada. Y le envió un cáncer agresivo. ¿Qué hubiera sido de Venezuela y del sueño del tirano de Cuba si la naturaleza no hubiera metido su mano? Se estaría viendo a un Chávez afianzándose como un gobernante ateo, comunista del siglo XX, déspota conspirador en mayor grado con lo más peligroso del terrorismo, Irán y las FARC. Pero gracias a esa Naturaleza, lo ha detenido, ocupado, y parodiando al comunismo, de dar dificultad a la vida diaria a sus ciudadanos, para que no tengan tiempo más que para sobrevivir y no conspirar contra ese Estado opresor, en vez de hacer todo eso de malo, Chávez está ocupado en vivir rezando, orando, a diosito, a la virgen, a cristo, a los chamanes de Evo, a los brujos de Babalú, para que por favor, le den unos diítas más sobre la tierra. ¡Cuánta hipocresía, cuánta cobardía, cuánta falsía, las de estos libertadores revolucionarios (las de Fidel son secreto de Estado, pero su reversa del ateísmo y su amor por la Misa, dicen que debe estar llorando también). Al regresar con los mocos para abajo de su última terapia, velozmente se encaminó, a la misa que el cura de su pueblo le iba a oficiar a su salud. Allí se derrengó el Libertador. Lloró como un ser ordinario. No parecía al Bolívar que falsificó. La boca hinchada, los ojos llorosos, el rosario colgando de su cuello, el beso ardoroso al crucifijo, todo para pedir algunos días más. Hasta le pidió que le dieran la corona de espinas y la cruz de Jesús. El temor y terror a la muerte le llegó como a Robespierre. (¡No hay abusador sin cobardía!). Se le olvidó como buen farsante, cuando se fue a las ONU a hablar de azufre. ¿Cómo estará ahora el ex presidente Bush riéndose de este libertador lloroso! Se le olvidó cuando aquel simple venezolano, Uribe, quería vivir como él, ver a su familia, y lo dejó morir en una cárcel. O aquellos niños que vuelan en pedazos con las bombas terroristas de sus amigos de las FARC. O de las familias heridas de aquel Carlos chacal. Se le olvidó a los miles de venezolanos desterrados por el temor y terror de perseguirlos, quitarles sus propiedades o encarcelarlos. Se le olvidó todo eso al libertador, y no tuvo el honor de morir como mueren los grandes libertadores, con la frente en alto y sin hacer más que el bien. Y es como dice aquel dicho, “el que a hierro mata a hierro muere”, y a éste le cabe el deshonor de no saber enfrentar a la muerte después de haberla usado. ¿Para qué darle más días sobre la tierra, para crear más dolor a los venezolanos y alegría a los tiranos? Cuando se le vio llorando (llora cualquiera, no es deshonor, sino en aquellos que han abusado de otros) en la misa, se confirmó ahí mismo que su viaje a Cuba fue principalmente para tratar de entrevistarse con el Papa, plegaria que no se le dio. Y es bien lógico pensar así, pues quien suplica y llora ante un cura menor, con mayor razón lo haría con el Mensajero Mayor, que es quien le lleva el mensaje a Dios-Naturaleza, de los que deben morir antes de tiempo para que no hagan más daño a nadie. Y ése era uno de ellos. No pudimos sustraernos de compartir esa inmensa foto de ver al libertador llorando, ¡quién lo diría!, y gracias a Efe y al Miami Herald, se la prestamos. ANTICRITICA. Blogspot.com

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