PERIODISMO CON POCA ETICA
PERIODISMO
CON POCA ÉTICA
Es
una repetición constante de que el periodismo es un apostolado, casi sagrado y
de sacrificio. No todos pueden ejercerlo, porque se requieren unas condiciones
que aunque algunos juren y practiquen, muchas veces al pasar el tiempo, se
acobardan o se venden. Se venden al mejor postor, al político, al empresario, a
cualquiera que le dé dinero por arriba o por abajo, o por el simple empleo. En
ese pedazo de isla del Caribe, ese periodismo sin ética y mal oliente, ha ido a
la par con la podredumbre de los políticos, que allí tienen fama de ser muy
amigos de lo ajeno e inclinados a la corrupción. Un periodista serio no
antepone su interés personal al interés de la comunidad. En los países serios
eso se prueba a cada rato, en la cual hay periodistas, que aun siendo empleados
de una empresa, si descubren trampas o malos hechos relacionados a su empresa,
no tienen miedo para escribir la verdad.
Pero eso no pasa allí. Es una cuestión lógica a prueba de cualquier
contra-lógica, que quien tiene incursión en diferentes áreas del comercio y
negocios, tarde o más temprano mete la pata, comete algún error o simplemente,
viola la ley. Si un empresario tiene intereses importantes, por no decir,
dueño, de por ejemplo, en producción de jugos, refrescos, ventas de
electrodomésticos, muebles, pinturas, televisión, radio, impresión de libros,
imprenta en general, y un largo etcétera, ese empresario o sus empleados, algún
día, en algún momento, harán lo que ya dije, o en su relación cuando realiza
sus importaciones, pasando por las Aduanas o reportándose a Impuestos Internos.
En algún lugar, de seguro, fallará, y lógicamente, el periodista serio,
honesto, que viva pregonando su honestidad a los cuatro vientos, debería, por
lo menos, dejar una ventana abierta a que eso pudiera pasar, y por supuesto,
reportar o comentar. Cuando eso no sucede en ese periodista, ¿se podría colegir
entonces, que es de todo, menos serio? Bueno, la lógica dice que sus
probabilidades de quedar mal, son buenas. Y abundando, cuando ese dueño, tiene
un periódico, alegadamente, el principal del país y cuando allí nunca nada
irregular pasa o se denuncia, algo anda mal porque rompe la lógica de
probabilidades. Tampoco si el mismo no tiene un espacio llamado ‘Cartas del
Lector’. ¿Qué se puede colegir de esto? Primero, que es un periódico impoluto e
irresponsable, con periodistas irresponsables. Segundo, que no le importa la
opinión de sus lectores, aun si los ofenden con sus opiniones. Tercero, que se
cree con tanto poder, que puede envenenar a los lectores, sin que estos puedan
siquiera replicar o aclarar como medio de consuelo. Y lo más llamativo, si
envías una carta no la publican. Algunos de ellos ponen su E-mail en sus
trabajos, pero luego se niegan a recibir cualquier correspondencia sobre sus
escritos. (Un paréntesis: ¿Dónde habría estudiado periodismo el Director? En
sus editoriales se nota y obliga a recordar aquéllos de “El Siglo”, uno, oasis
de cultura, el otro, escuela de principiante). Claramente, cuando se da ese
caso, que es común, ese periódico viola no sólo uno, sino varios de los
principios de la ética del periodismo, que los periodistas “honestos” no
deberían aceptar. Pero hay que ser justo. Si un periodista de esos, osara
comentar o informar sobre algo ilegal o apestoso de alguna empresa de su jefe,
familiar o amigo, ¿qué le pasaría? Lo primero: que perdería su puesto, y lo
segundo, que le sería difícil volver a conseguir otro, pues cuando el
empresario domina tantos campos (esto es prohibido en países decentes) del
comercio, ni siquiera pintando casas tendría trabajo. Por lo tanto, ¿debería
eximirse al periodista de esa isla, de su sagrada misión de informar a la
comunidad lo que debe? Bueno, pero en México y Colombia, a los periodistas la
suerte les toca peor, y sin embargo, allí esos valientes ni se venden ni se
doblegan. Lógicamente, en la isla del periodismo mal oliente no habría que
eximirlos de su responsabilidad, porque entonces se convierten en lo que son
muchos: en verdaderos farsantes. Y allí hay tantos así, que de acuerdo a las
voces decentes, menos de una docena merecen llamarse verdaderos periodistas. El
resto vive vendido en una forma u otra, especialmente esperando una pensión,
irregular, del mandamás de turno o peleando por su amo, con mayor ardor que si
fuera su causa. Tres de los buenos son una mujer, Nuria Piera, otra mujer
Alicia Ortega y un hombre Huchi Lora. ¡Loor al periodismo decente, y desprecio
a los farsantes! (Próximo artículo: “?Cómo logran funcionar estos periódicos?”) ANTICRITICA. Blogspot.com
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