sábado, 28 de abril de 2012

PERIODISMO CON POCA ETICA


PERIODISMO CON POCA ÉTICA

Es una repetición constante de que el periodismo es un apostolado, casi sagrado y de sacrificio. No todos pueden ejercerlo, porque se requieren unas condiciones que aunque algunos juren y practiquen, muchas veces al pasar el tiempo, se acobardan o se venden. Se venden al mejor postor, al político, al empresario, a cualquiera que le dé dinero por arriba o por abajo, o por el simple empleo. En ese pedazo de isla del Caribe, ese periodismo sin ética y mal oliente, ha ido a la par con la podredumbre de los políticos, que allí tienen fama de ser muy amigos de lo ajeno e inclinados a la corrupción. Un periodista serio no antepone su interés personal al interés de la comunidad. En los países serios eso se prueba a cada rato, en la cual hay periodistas, que aun siendo empleados de una empresa, si descubren trampas o malos hechos relacionados a su empresa, no tienen miedo para escribir la  verdad. Pero eso no pasa allí. Es una cuestión lógica a prueba de cualquier contra-lógica, que quien tiene incursión en diferentes áreas del comercio y negocios, tarde o más temprano mete la pata, comete algún error o simplemente, viola la ley. Si un empresario tiene intereses importantes, por no decir, dueño, de por ejemplo, en producción de jugos, refrescos, ventas de electrodomésticos, muebles, pinturas, televisión, radio, impresión de libros, imprenta en general, y un largo etcétera, ese empresario o sus empleados, algún día, en algún momento, harán lo que ya dije, o en su relación cuando realiza sus importaciones, pasando por las Aduanas o reportándose a Impuestos Internos. En algún lugar, de seguro, fallará, y lógicamente, el periodista serio, honesto, que viva pregonando su honestidad a los cuatro vientos, debería, por lo menos, dejar una ventana abierta a que eso pudiera pasar, y por supuesto, reportar o comentar. Cuando eso no sucede en ese periodista, ¿se podría colegir entonces, que es de todo, menos serio? Bueno, la lógica dice que sus probabilidades de quedar mal, son buenas. Y abundando, cuando ese dueño, tiene un periódico, alegadamente, el principal del país y cuando allí nunca nada irregular pasa o se denuncia, algo anda mal porque rompe la lógica de probabilidades. Tampoco si el mismo no tiene un espacio llamado ‘Cartas del Lector’. ¿Qué se puede colegir de esto? Primero, que es un periódico impoluto e irresponsable, con periodistas irresponsables. Segundo, que no le importa la opinión de sus lectores, aun si los ofenden con sus opiniones. Tercero, que se cree con tanto poder, que puede envenenar a los lectores, sin que estos puedan siquiera replicar o aclarar como medio de consuelo. Y lo más llamativo, si envías una carta no la publican. Algunos de ellos ponen su E-mail en sus trabajos, pero luego se niegan a recibir cualquier correspondencia sobre sus escritos. (Un paréntesis: ¿Dónde habría estudiado periodismo el Director? En sus editoriales se nota y obliga a recordar aquéllos de “El Siglo”, uno, oasis de cultura, el otro, escuela de principiante). Claramente, cuando se da ese caso, que es común, ese periódico viola no sólo uno, sino varios de los principios de la ética del periodismo, que los periodistas “honestos” no deberían aceptar. Pero hay que ser justo. Si un periodista de esos, osara comentar o informar sobre algo ilegal o apestoso de alguna empresa de su jefe, familiar o amigo, ¿qué le pasaría? Lo primero: que perdería su puesto, y lo segundo, que le sería difícil volver a conseguir otro, pues cuando el empresario domina tantos campos (esto es prohibido en países decentes) del comercio, ni siquiera pintando casas tendría trabajo. Por lo tanto, ¿debería eximirse al periodista de esa isla, de su sagrada misión de informar a la comunidad lo que debe? Bueno, pero en México y Colombia, a los periodistas la suerte les toca peor, y sin embargo, allí esos valientes ni se venden ni se doblegan. Lógicamente, en la isla del periodismo mal oliente no habría que eximirlos de su responsabilidad, porque entonces se convierten en lo que son muchos: en verdaderos farsantes. Y allí hay tantos así, que de acuerdo a las voces decentes, menos de una docena merecen llamarse verdaderos periodistas. El resto vive vendido en una forma u otra, especialmente esperando una pensión, irregular, del mandamás de turno o peleando por su amo, con mayor ardor que si fuera su causa. Tres de los buenos son una mujer, Nuria Piera, otra mujer Alicia Ortega y un hombre Huchi Lora. ¡Loor al periodismo decente, y desprecio a los farsantes! (Próximo artículo: “?Cómo logran funcionar estos periódicos?”)       ANTICRITICA. Blogspot.com

 

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