Es una pena, y dolorosa, que Europa, EU, México y algunas personalidades tengan que tomar partido en la disputa entre España IPF y la Argentina en la nacionalización de esa petrolera. Nadie debía meterse en ese pleito y habría que dejarlos que se hieran y ajusticien mutuamente. Este caso se parece con lo del El Salvador, que su Presidente Funes se vanagloriaba de que ya allí había habido menos muertos entre las pandillas, gracias al pacto que el Estado había logrado entre ellas. ¿Pero cómo eso era motivo de gloria, si precisamente el Estado debía aplaudir que se eliminaran o al menos, ser neutral, para así evitarle a la sociedad tener que cargar con ese fardo? ¿Para qué sirven esos pandilleros? ¿Para qué han servido España y Argentina a sus pueblos? Argentina, desde un nacimiento con una concepción sobre sí como europea (sin negros ni indios), aunque habitando en otro continente, pasando por el Peronismo que no fue más que la consagración del nazismo, el más puro y grande fuera del reino de Hitler en Alemania. (Son hermanas en Hitler-Mussolini-Franco-Perón). Siguiendo por el robo de niños, arrebatados de sus padres o parturientas por el Estado, pasando por la aberración de insistir en tener las Falklands, robándose los dineros del Barrilito, las pensiones de los más necesitados y de los que ingenuamente le habían dado crédito, pasando por el Rasputín de América, bailarinas y brujos, llegando a la viuda que nunca se enteró (tampoco de la maleta desde Caracas con muchos dólares clandestinos) que su marido y patricio de Argentina, se acostaba con su secretaria mientras le juraba mil amores y la que nunca protestó, queriendo decir que su ídolo no la amaba, aplicando en silencio aquello de que ‘ofende quien puede, no quien quiere’ y que él no la ofendió al pegarlos los cachos. Un rival para semejante anormalidad debía ser de su misma naturaleza, pero la suerte no tuvo esperar mucho y apareció la España del Rey que gustaba cazar elefantes en Africa. ¿Quién mejor que España para que en un pleito entre ambos desaparecieran por las heridas de sus mutuas dagas? Por supuesto, en el sentido figurado, porque sería imposible que físicamente dejaran de existir, aunque fuera lo ideal. Y ahí se presentó esa España que nunca olvidó de cuando robaba a los pobres indios del Nuevo Mundo sus lingotes de oro y les daba a cambio espejitos, cuando no, que ni eso les daba. ¿Y para qué hacía el robo? Para dárselo a los holandeses, italianos, alemanes, ingleses y franceses quienes más sabios que ella, la esperaban que regresara del saqueo y luego le quitaban las prendas para que volviera a buscar más. Lo prueba el que de todos los poderes de la Europa del siglo XVI solo España quedó en la inmensa pobreza, mientras aquéllos se le reían en su cara. Y fue que ese Nuevo Mundo fue “descubierto” por accidente a lo que España no estaba preparada. Su misión había sido marcada en ser la vanguardia que salvaría a Europa del Islamismo, que en sí era una misión encomiable, pero sucedió también que le quedó demasiado grande y se transformó en el demonio contrario al Jesús que seguía. Su mayor orgullo entonces surgió en el perfeccionamiento de la Inquisición y el encerramiento de su pensar en un cuarto pequeño y oscuro. Destruir un colegio, una escuela, de tres niveles, para comerciar comestibles y víveres, sólo porque tenían dinero, es de los recuerdos más sublimes que muchos de sus hijos atesoran con orgullo en cualquier pueblo donde hayan estado. Aprovecharse con FENOSA, de la ignorancia para saquear pueblos. Ignorar corrupción en la alcoba familiar. Ir a cazar elefantes al Africa, qué hombría, qué genialidad, cuando todo el mundo se une para salvar a los elefantes del exterminio que sufren. ¡Qué grandeza la de este Rey Juan Carlos, con gran fusil al hombro apuntar contra aquel noble animal que no espera un disparo como tampoco que no acertara! El Rey hería doble y sin perdón: a la conciencia del mundo decente, protector de los animales y, a su pueblo, que agonizaba en dolor, al momento de su crisis que por ser su norma, pasaba de los grandes, al más de los indigentes de Europa. Por lo tanto, ¡que nadie se meta en ese pleito, y dejen que se ajusticien al mismo tiempo! ANTICRITICA. Blogspot.com

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